Dos de octubre, entre la rebelión y el autoritarismo en Máxico

De Palacio Nacional; salieron tanques del ejército para dispersar a los manifestantes

Zona Centro

Bernabé Vallejo Olvera - 2017-10-02

Dos de octubre de 1968, los disparos anunciaban el fin de la vida como la conocíamos en México; jamás en nuestro país se había registrado una revolución estudiantil, correr, tropezar con el cuerpo del compañero caído, los hombres con un paño blanco en el puño, el Ejército con su más alto nivel de violencia, nadie sabía qué estaba pasando, solo aquellos que morían a poco en la Plaza de las Tres Culturas, Tlatelolco.

Como una noche triste, el 2 de octubre jamás se olvida, no en la memoria colectiva, no en los personajes que aquel año dejaron su vida en el antiguo centro de sacrificios prehispánico, que cada cierto tiempo reclama su tributo. 1968, la crónica de una noche aciaga.

El 22 de julio de 1968, un incidente entre estudiantes de la vocacional 2 del Instituto Politécnico Nacional y de la preparatoria Isaac Ochoterena (de la UNAM), terminó en pelea. La situación entre ambas instituciones se agravó a tal grado que intervinieron algunos policías.

Las trifulcas continuaron entre estudiantes, quienes se sintieron atacados por los cuerpos policiacos. Entre el 26 y el 29 de julio varias escuelas realizaron un paro de labores en protesta por las acciones de la policía.

El 29, la Prepa 1 en San Ildefonso fue allanada por el ejército, destruyendo una puerta del s. XVIII con un disparo de bazuca; la violencia había aumentado de nivel; varios estudiantes fueron encarcelados.

El 30 de julio, Javier Barros Sierra, rector de la UNAM, condenó los hechos e izó la bandera mexicana a media asta. Pronunció un discurso a favor de la autonomía universitaria y exigió la libertad de los presos políticos (estudiantes de la prepa 1). El conflicto ya había tomado tintes políticos.

Lo que estaba en juego era la libertad de expresión por parte de los estudiantes, y la reacción del gobierno que respondió reprimiendo cualquier huelga o manifestación. Ese mismo día hubo una marcha por Avenida Insurgentes donde se escuchó el lema “Únete pueblo”.

El 26 de agosto una multitud de estudiantes, maestros y padres de familia, marcharon en dirección al Zócalo de la Cd. de México; fue la primera vez, que se insultó públicamente a un Presiente: Gustavo Díaz Ordaz fue el afectado.

De Palacio Nacional; salieron tanques del ejército para dispersar a los manifestantes.

Tras meses de confrontación entre los estudiantes de la educación media y superior, en México había un rastro de sangre que se consumó cuando el gobierno no pudo detener las protestas de los estudiantes que buscaban que la policía no los reprimiera.

Ante el fracaso de las negociaciones, la noche del 2 de octubre de 1968, el gobierno del presidente Gustavo Díaz Ordaz ordenó que los jóvenes que se manifestarían en la Plaza de las Tres Culturas fueran reprimidos.

La situación política era delicada. Díaz Ordaz estaba por dar su informe de gobierno, y durante su mandato intentó posicionar a México como un país primermundista en el panorama internacional. Además, la nación se preparaba para ser anfitrión de las Olimpiadas.

El conflicto se salió de control; El 18 de septiembre el ejército invadió Ciudad Universitaria. El 24, llegaron al Casco de Santo Tomás, campus del Instituto Politécnico Nacional, Díaz Ordaz quería disciplinar a los estudiantes.

El 1° de octubre el ejército se retiró de las escuelas que tenía sitiadas. Luis Echeverría, Secretario de Gobernación en el gabinete de Díaz Ordaz, tenía un plan en mente.

La tarde del 2 de octubre miles de estudiantes se reunieron en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco; mientras tanto, miembros del Batallón Olimpia, se infiltraban entre los civiles; el ejército vigilaba a lo lejos.

Hacia las seis de la tarde; los oradores habían finalizado sus discursos, un helicóptero sobrevoló la plaza y disparó bengalas, empezó la confusión.

Los francotiradores del Batallón Olimpia, apostados en el edificio Chihuahua, abrieron fuego en contra de los manifestantes y del ejército. Los militares repelieron la agresión con disparos; muchos manifestantes lograron escapar, refugiándose en los edificios que circundan la plaza, sin embargo, el ejército no se detuvo e irrumpió en los departamentos de la Unidad Tlatelolco para capturar a los estudiantes.

No se conoce la cifra exacta de muertos, entre estudiantes, miembros del Batallón y militares. El gobierno minimizó los hechos, y el sábado 12 de octubre Díaz Ordaz; inauguró los XIX Juegos Olímpicos, bautizados como “La Olimpiada de la Paz”.

Muchos fueron los estudiantes que vieron reprimidos sus derechos esa tarde. Muchos vieron a sus amigos y compañeros caer bajo las balas y muchos padres de familia perdieron a sus hijos, a sus hermanos.

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