26 de septiembre de 1968 en Xalapa. La necesidad de una mirada a sus conflictos (Segunda y última parte)

+ Por J. Martín Blásquez Ojeda

Zona Centro

J. Martín Blásquez Ojeda. - 2017-09-26

A casi cincuenta años de acontecida la más cruda represión a los universitarios veracruzanos en Xalapa, es opinión generalizada que su trascendencia se ha perdido en el tiempo, y que las nuevas generaciones no solo ignoran los sucesos, sino que además les llegan a través de lecturas deshilvanadas y turbias. Por esto, es necesario rescatar los hechos, personajes y sus procesos en la búsqueda de apreciar sus lecciones, a partir de nuevos ejercicios intelectuales, como lo recomienda la necesaria reflexión de una sociedad ávida de entender su presente.

Desde esta perspectiva, este ensayo pretende invitar provocadoramente al lector a poner su mirada sobre aquellos sucesos de Xalapa del 26 de septiembre de 1968.

Veracruz en el lindero del régimen policiaco

En los primeros días de agosto de 1968, al escenario de movilización desplegado en Xalapa por la Coalición de Trabajadores al Servicio de la Educación, entre los estudiantes universitarios surgió una corriente de simpatía y apoyo al otro poderoso movimiento social que por cuerda separada ocurría en la ciudad de México y que protagonizaban las comunidades estudiantiles de la UNAM, Politécnico Nacional, Universidad Pedagógica Nacional, Colegio de México, Ibero y Lasalle, además de las Universidades de Chapingo y Puebla, coloquialmente conocido como el movimiento estudiantil del 68. De forma inédita y rápida se encaminó como huelga estudiantil para confrontar a la clase política, la policía y el Ejército; cadena de sucesos que fue escalando con multitudinarias marchas y mítines conforme se acercaban las fechas de los rituales políticos, como el IV Informe de Gobierno del Presidente Díaz Ordaz, la ceremonia del Grito y el Desfile de las Fuerzas Armadas septembrinos, sumándose la inminente celebración de los XIX Juegos Olímpicos de mediados de octubre de 1968.



Tras decenas de marchas y manifestaciones en Xalapa, la novedad se produjo la tarde del miércoles 25 de septiembre: ¡El diálogo directo con el Gobernador! Reunión que fue concertada a instancias del Lic. Rómulo Campillo Reynaud, Secretario de Gobierno y Ex-Rector; esa tarde el Gobernador López Arias escuchó atentamente a una comisión de 40 representantes de la Coalición en el Palacio de Gobierno a quienes, a su vez, expuso que ante el anunciado despliegue del ejército en todo el territorio nacional, el Gobierno del Estado de Veracruz asumiría el restablecimiento del orden con sus medios, conminando a los presentes a cesar toda manifestación y/o protesta, reunión de la que se recuerda su lapidaria expresión El estado de Veracruz es primero y contra él, nadie tiene la razón.

El estado de Veracruz es primero y contra él, nadie tiene la razón

Ese mismo 25 de septiembre, la comisión de diálogo dio cuenta de los resultados a todas sus Asambleas de Facultades y Escuelas, derivándose dos posturas: la de los profesores que viendo venir la represión, la mayoría declinó sus demandas para otro tiempo, y la otra postura animosa de la mayoría de los líderes estudiantiles, inclinada a sostener sus banderas, en la idea que la alianza con el Movimiento Estudiantil de México era vital para que el Gobierno Federal y el Estatal de Veracruz cedieran ante la inminencia de la celebración de los juegos olímpicos.

Sin que propiamente se produjeran desacuerdos, los estudiantes veracruzanos empujaron el acuerdo de llevar a cabo otra marcha y manifestación a la Plaza Lerdo, frente al Palacio de Gobierno, para el siguiente día 26, y que se convocó para las seis de la tarde.

Nunca ha sido secreto que, tanto en la Coalición como las escuelas y facultades hubo personajes que fungieron como informadores o que jugaron un doble papel al servir por igual a los intereses del gobierno del Estado; además que, entre los estudiantes había grupos de jóvenes pagados por el gobierno, como la señalada Federación de Estudiantes Veracruzanos, con el resultado de que, todas las acciones de los huelguistas eran conocidas.

Para el debido cumplimiento del operativo, el Coronel Héctor Hernández Tello, entonces Director de Seguridad Pública, acompañado de dos agentes de Gobernación, personalmente interceptó la columna en la calle de Dr. Lucio para conminar a los marchista a disolver su manifestación, resultando de la negativa, que diera la orden a la Policía Estatal para cargar en contra, empleando al efecto gases lacrimógenos y proceder a encapsular a grupos a base de toletes, para efectuar cuantas detenciones fueran posibles. A tal acción concurrió el ejército desplegado en la retaguardia y resguardando un perímetro de seguridad que comprendió todos los accesos al centro de Xalapa; debiéndose destacar que el saldo de tal operativo policiaco, hasta la fecha no reportó muerto ni desaparecido alguno.

El trauma social de la acción policiaca en contra de los pacíficos manifestantes del jueves 26 de septiembre de hace 49 años, ha sido ampliamente relatado. Todos los testimonios refieren al uso excesivo de la fuerza pública por parte de la Policía Estatal. Sabiéndose que en contra de los dirigentes de la Coalición de Trabajadores y del Frente en Pro de la Democracia, se llegó al extremo de violentar sus domicilios y centros educativos de trabajo para efectuar sus aprehensiones, y sin que mediaran las órdenes judiciales de rigor; esta fue la suerte de 65 estudiantes y 6 maestros que además fueron fichados en el Cuartel de Policía de San José, que no en la penitenciaría donde se recluían a los presos del orden común; todos acusados de desacato a la prohibición de marchar dada por el Presidente Municipal de Xalapa, el Lic. Othoniel Rodríguez Bazarte -que entonces era un profesor muy apreciado en la Facultad de Derecho- y los menos, reos por el Delito de Disolución Social. Las historias personales también son ampliamente conocidas.

“Restablecido” el orden público en Xalapa, en los siguientes días, el Gobierno del Estado se ocupó de organizar la recepción de la Antorcha Olímpica en el Puerto de Veracruz del siguiente 6 de octubre, programando al día siguiente que mediante el sistema de relevos, el simbólico fuego ateniense viajara de la mano de 117 jóvenes deportistas veracruzanos hasta llegar a encender el Pebetero del Estadio Xalapeño, evento celebrado en medio del júbilo de diez mil espectadores que se dieron cita para presenciar y disfrutar un vistoso festival. Actividades que acaso pudieron ser oídas por los huelguistas detenidos entre las rejas del cercano Cuartel de Policía de San José.

Muy diferente fue el desenlace acontecido en la ciudad de México: allá la represión fue a sangre y fuego. En un enrarecido entorno, se dio curso al histórico episodio de la noche de Tlatelolco del 2 de octubre, donde se produjo una caótica intervención policiaca y militar, que brutalmente deshizo al movimiento estudiantil.

Prácticamente acallada toda protesta en los siguientes días, las referencias en la prensa, radio y televisión de la época solo registran el rechazo social al Presidente Díaz Ordaz, en ocasión de la monumental rechifla a su discurso durante la Ceremonia de Inauguración de los XIX Juegos Olímpicos del 12 de octubre; a partir de entonces la justas deportivas ocuparon todos los espacios y transcurrieron sin novedad hasta su término del día 27, evidenciando con su pacífica celebración la falsedad del discurso represor: la conjura internacional para sabotear las Olimpiadas.

Mientras en Xalapa, poco a poco los reos fueron obteniendo su libertad bajo caución en la medida que se pudo depositar sus fianzas, lo que supuso un gran activismo solidario de toda la comunidad universitaria porque todos provenían de familias de recursos escasos y porque los profesores tampoco percibieron sus sueldos en esas condiciones. Trascendió de aquellos días que el Obispo Sergio Obeso personalmente fue vaciando todas las alcancías de los santos de Catedral para cooperar con este fin, que no de los fondos el Obispado, y que así se logró la liberación de los últimos detenidos, contándose entre ellos al joven Profesor Roberto Bravo Garzón que hasta esa fecha fue el Director de la Facultad de Economía.

Finalmente es de estimarse necesario recuperar y agotar el análisis de estos acontecimientos a efecto de formar criterios concluyentes. Desde luego varios personajes de un modo u otro han externado sus testimonios, en su mayoría de parte de quienes padecieron represión, sin embargo, igual es de estimarse importante ejercicio de contraste con aquellos otros que en su momento ejercieron los actos de autoridad, así haya sido con el uso excesivo de la fuerza policiaca para encauzaron el desenlace de este conflicto.

La oportunidad de arribar próximamente a los 50 años de estos sucesos en la historia social y política de Veracruz, al parecer con las aguas tranquilas, conforma un escenario apropiado para consensar las cronologías con sus causas y procesos, precisando de las acciones sus efectos, con las intenciones logradas y lo que estas han aportado a la convivencia en la ciudad, a vida universitaria y a los derechos laborales de los profesores universitarios; todo en conjunto, más allá de la anécdota y biografía personal. Por tales razones, este ensayo apunta a esa necesidad por una mirada fresca a Xalapa y sus conflictos, a una historia pendiente por contar. Enhorabuena por lo que vale conmemorar y que sea para bien. jmblasquez@hotmail.com

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