+Columna de Eduardo Coronel Chiu, escrita en Diario AZ Xalapa y Veracruz
Zona Centro
Eduardo Coronel Chiu - 2016-11-29
Abandonó el cargo de fiscal general del estado Luis Ángel Bravo Contreras sin que mediara combate abierto, sin esperar siquiera a que Miguel Ángel Yunes Linares asumiera el próximo jueves como gobernador constitucional.
De nada sirvió el blindaje constitucional que diseñó Duarte para protegerse a través de Luis Ángel como fiscal autónomo y transexenal, no removible directamente por el nuevo gobernador.
Su mejor mula se le echó. No aguantó ni el primer round y eso que fue de los más cercanos confidentes de Duarte, de los pocos que lo rodearon en los últimos días depresivos, previos a la huida.
Examinada su situación y entorno se encuentra una justificación muy personal de la renuncia. El renunciante carece de proyecto político propio y estructura de grupo, su grupo de referencia –el que encabezó Duarte– está en desgracia; carente de motivación personal y lleno de los bolsillos, entre otros por las recompensas cobradas en los supuestos golpes a la delincuencia, Luis Ángel Bravo, sin dar batalla, rindió la plaza al grupo de poder en ascenso.
Su desenlace
Desde el fin de semana circuló la versión de que Luis Ángel Bravo renunciaría al cargo de fiscal autónomo para el que fue nombrado para un periodo de nueve años, con apenas uno transcurrido; de inicio lo negó, pero ayer se precipitaron los movimientos de su apresurada salida.
El resquebrajamiento se hizo visible por la mañana con la designación que hizo del abogado de Miguel Ángel Yunes Linares, Jorge Winckler, como visitador general, titular del órgano de control interno de la Fiscalía, quien se perfila para asumir desde ahora el mando interno de la dependencia y asumir como Fiscal General una vez cumplido el procedimiento constitucional de nombramiento.
Por la noche, en conferencia de prensa, Luis Ángel Bravo confirmó haber enviado su renuncia al Congreso local con efecto a partir del 1 de diciembre –no por coincidencia el mismo día que asume el Poder Ejecutivo Yunes Linares. Su argumento fue que lo hacía para abonar a la unidad y los acuerdos, “para no ser un factor de división o encono”; aprovechando el viaje, se le tira al piso con calificativos de liderazgo elogioso al inminente gobernador Yunes Linares, una encubierta solicitud de clemencia e indulto.
Desmontan al duartismo en el Ministerio Público.
El relevo
Desde ahora, pero más a partir del jueves en que surta efecto la renuncia de Luis Ángel Bravo, debe resolverse legal y reglamentariamente que el nombrado visitador general Jorge Winckler se quede como encargado de despacho de la Fiscalía, en tanto se realiza el procedimiento constitucional para nombrar al nuevo Fiscal General.
El trámite requiere de la coordinación entre los dos poderes, el Legislativo y el Ejecutivo; sobre todo de un acuerdo legislativo de mayoría calificada –una votación de dos terceras partes de los diputados presentes en las sesiones relativas. El Congreso debe hacer una lista de diez aspirantes y enviarla al gobernador, quien devolverá una terna, sobre la cual los diputados deben nombrar al Fiscal, un procedimiento que se ve ocioso cuando las cartas están a la vista. Se tiene por seguro que los grupos legislativos se alinearán en torno a la directriz del PAN, esto es, lo que diga Yunes Linares. Con excepción de Morena, que no se sabe si va a avalar o no; pero participe o no, del otro lado ya tienen todas las fichas reunidas.
Ese es el juego del poder y los intereses. Se vislumbra la partidización del Ministerio Público; el Fiscal, un incondicional del gobernador en turno, igual que el que se va, el que llega, reveladores de la realidad de instituciones políticas y democráticas débiles. No resisten la estructura y despliegue del poder real.
En otro lugar de la agenda se tendrá que seguir los aspectos sustantivos como la eficacia de la función del Ministerio Público, así como el abordaje que hagan los nuevos de los asuntos en curso, las denuncias contra funcionarios públicos por hechos de corrupción, los expedientes de la camarilla de Duarte, los casos críticos y controvertidos del sexenio, los crímenes de periodistas, las desapariciones forzadas, las ejecuciones y secuestros.
En unos días se verá si el Ministerio Público se ocupará como arma política, instrumento de venganza e intimidación o transitará hacia institucionalizar la procuración de justicia.
Se cuadra también el Poder Judicial
A valores entendidos, dicen que sin mediar negociación, para qué si son acomodables, en el Poder Judicial ya dan por hecho que el próximo presidente del Tribunal Superior de Justicia y presidente del Consejo de la Judicatura será el magistrado Edel Álvarez Peña, el hombre del gobernador de dos años Miguel Ángel Yunes Linares, su compadre, socio y aliado político.
El domingo pasado hubo planchado en el desayunes, los presidentes de las salas del Tribunal Superior, los votantes del mini pleno –con excepción de uno de ellos que no cree esté en desacuerdo– se reunieron a desayunar con el gobernador inminente. Participaron, además del ya maloliente presidente que sale, Sosa Nostra, los presidentes del Tribunal Contencioso Administrativo y de Conciliación y Arbitraje.
Por encima de la escena, los diálogos fueron de respeto, autonomía, cooperación, división de poderes, institucionalidad y republicanismo. Pero el subtexto, lo que todos sabían pero no se dijeron en público, es que son tan buenos entendedores que no hacen falta palabras para darse cuenta que deben votar por Edel para presidir el Tribunal.
El alineamiento ayer se reflejó en la junta previa, donde designaron para presidir los debates (lleva voto de calidad) de la elección de presidente al magistrado Dionisio Gutiérrez, visible partidario de Edel.
La sesión electiva se celebrará en el Palacio de Justicia este jueves a la 9 horas, con la finalidad de que quien resulte electo presidente para los próximos tres años –es decir, Edel–, acuda con la representación del Poder Judicial a la ceremonia de coronación de Miguel Ángel Yunes, al Congreso del Estado.
Portilla y El Burro castigado
Con la entrega dócil de la plaza hecha por Luis Ángel Bravo, y eso que era el baluarte de la resistencia duartista, poco le queda por hacer a Lorenzo Antonio Portilla en el Órgano de Fiscalización Superior (Orfis).
El tema de su renuncia sigue en la agenda de los grupos legislativos. El colapso de la administración del estado y las evidencia de corrupción de los servidores públicos del grupo de Duarte no detectadas por el Orfis del Portilla a lo largo de cuatro años –apenas este año descubrió irregularidades–, lo colocan en una situación insostenible por complicidad o incompetencia en su gestión. Los nexos de Portilla con el denunciado ex contralor, Iván El Burro López, en el fraude con el crédito de Banobras, sobre lo que habrá más, le auguran que pronto tendrá que jugar al burro castigado con Iván.