#AsuntosPúblicos: DUARTE: HEREDA CRISIS DE INGOBERNABILIDAD

+ Columna de Eduardo Coronel Chiu, escrita en Diario AZ Xalapa y Veracruz

Zona Centro

Eduardo Coronel Chiu - 2016-10-13

Acabó ayer el peor ciclo de Gobierno del Estado de Veracruz, el que encabezó Javier Duarte de Ochoa, iniciado por su antecesor Fidel Herrera Beltrán, dos sexenios que devastaron los recursos públicos, causaron profundos daños institucionales y que dejan un estado en crisis de ingobernabilidad de múltiples niveles, de la no será fácil ni pronto poder superar.

Se fue el lastre pero hereda Duarte un estado de desastre; deja un Veracruz en ruinas; una oleada de violencia e inseguridad, ejecuciones y secuestros que no contienen los cuerpos policiacos, mientras la población vive atemorizada, en estado de indefensión. Deja elevados niveles de pobreza y una parálisis económica; una administración pública saqueada y sin orden, finanzas públicas en quiebra, sobre endeudadas, insolventes y sin viabilidad bajo sus condiciones actuales. Deja una administración rebasada e incapaz de responder a las demandas sociales; sale por la puerta de atrás de Veracruz, por la puerta de la ignominia, en medio de la reprobación y el descrédito, repudiado en amplios sectores de la entidad; señalado no sólo de incompetencia sino de corrupción en diversas instancias tanto federales como del estado, enfrentando investigaciones –al igual que socios, colaboradores y familiares– por enriquecimiento ilícito, peculado, defraudación fiscal y lavado de dinero; acusaciones, por cierto, promovidas no por “una persona”, como dijo falsamente ayer, aludiendo a su rival el gobernador electo Miguel Ángel Yunes, como si todo fuera un tema “electoral”, cuando lo cierto es que lo implican las evidencias que han aportado la Auditoría Superior de la Federación por desvíos del gasto federalizado, el SAT con las empresas fantasmas, aparte de la red de presta nombres y bienes que le han atribuido, tanto a Duarte como a sus colaboradores, socios y familiares.

Forzado por el poder central

Abrupto pero no inesperado el final patético anticipado del gobierno de Javier Duarte.
Su licencia para separarse del cargo hasta el término de su mandato, a 48 días para “defender su honor y el de su familia” en las investigaciones penales que tiene encima, equivale a una renuncia; no regresará, se espera que devuelva con el vómito negro, la confiscación y extinción del dominio por los bienes adquiridos con dinero público malversado.

Su salida puede verse como una revocación de mandato, tardía, es obvio que no es una licencia voluntaria sino impuesta por el poder central. Se va Duarte forzado por las circunstancias, era insostenible, pero se tardaron en tomar la decisión; el grupo político Presidencia-PRI nacional esperó hasta el límite para apretarlo y ponerlo fuera; tratar de limpiarse con la expulsión y persecución de uno de los suyos para legitimar el sistema anticorrupción y, de paso, tratar de jalar a los adversarios políticos también señalados de corrupción.

Ascenso y caída

Ahora que hay desenlace en el destino político de Javier Duarte, suspendido en sus derechos del PRI, abandonado del grupo de Enrique Peña Nieto, en la mira de la PGR, su historia en retrospectiva toma sentido; se ve como personaje de trama de ascenso y caída; de cargar maletines al senador Fidel Herrera a Subsecretario y Secretario de Finanzas del Gobierno del Estado, operador de dinero turbio desde entonces, diputado federal, candidato a gobernador, gobernador de Veracruz, hasta ayer; su desmoronamiento ha sido evidente, sobre todo a partir de este año, toda la escena se le descompuso, el Gobierno Federal lo dejó caer y su odiado rival ganó las elecciones de gobernador, es responsable de la próxima entrega del poder del estado por primera vez a la oposición. Lo que viene para él es cuesta abajo. ¿Le tendrán piedad? ¿Lo protegerán por complicidades? ¿O será de los encarcelados del futuro próximo? La fortuna le cambió.

Flavino Ríos, el relevo

Para terminar el periodo y realizar la entrega de la administración, previa autorización de la licencia de Javier Duarte, la Diputación Permanente del Congreso local designó a Flavino Ríos Alvarado como gobernador interino, por decisión mayoritaria.

No faltó la rebelión de diputados, incluso de varios del PRI y aliados, muestra de que ya perdieron también el control del pleno del Congreso, en una disputa con trasfondo de intereses pero apoyada en una posible interpretación constitucional de que la designación del gobernador “sustituto” sería competencia del pleno de diputados en votación de mayoría calificada de 34 votos de 50; en vez de ser la Diputación Permanente con mayoría de más de 50 por ciento de los 10 integrantes.

Por lo pronto se apegaron a una lectura literal del texto constitucional, escogieron el escenario, la Diputación Permanente, y Flavino Ríos quedó investido de gobernador (interino).

La renovación es simbólica; Duarte ya se fue. Ahora el gobernador es Flavino en lo que resta del mes y medio. Flavino tiene experiencia, capacidad y tacto político. Ha estado dentro de los problemas del estado y los conoce. Pero no hay magia, en un estado ingobernable que se desbarata por falta de dinero para funcionar y aliviar las tensiones, la delincuencia desbordada y disputándose las plazas, tendrá que echarle la mano el Gobierno Federal para evitar que termine de hundirse la nave que empinaron Fidel y Duarte.

Acalambrado

Con todo y que ayer cayó Duarte, su rival político y personal, uno de sus principales atacantes que montó la campaña electoral contra su gobierno, Miguel Ángel Yunes Linares, gobernador electo; no festinó, se le notó muy preocupado.

No pudo celebrar la licencia como logro propio, pues la operación de la caída de Duarte viene impulsada por el gobierno de Peña Nieto y el PRI. Pero, además, algo debe saber que en la conferencia de prensa que convocó ayer una vez que se supo que Duarte pediría licencia, aparte de la egolatría de su discurso en el que se pinta como el héroe en su “lucha” contra el régimen corrupto (sólo asistido por sus hijos), envió un mensaje que trasluce temor, mal disimulado: “Quieren impedir que llegue a gobernador de Veracruz”, porque saben que “revelaré información que cimbrará a México”. Como Duarte, Yunes tiene señalamientos y denuncias de haberse aprovechado de cargos públicos para enriquecerse. Derribar y enjuiciar a Duarte da legitimidad al gobierno de Peña y al PRI para que también se investiguen a los políticos corruptos de otros partidos, el presidente del PRI, Enrique Ochoa, a la vez que pide apliquen la ley a Duarte, le reclama a Anaya proceda contra Yunes y Padrés, el ex gobernador de Sonora. Ayer el PAN dispuso suspender derechos a Padrés. Falta Yunes. Ya siente pasos.

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