+ Columna de Eduardo Coronel Chiu, escrita en Diario AZ Xalapa y Veracruz
Zona Centro
Eduardo Coronel Chiu - 2016-09-26
Mal empieza la semana al que ahorcan en lunes, tampoco le va bien a quien como al todavía gobernador Javier Duarte, echan de su partido político, el PRI, un lunes como hoy.
Está más que cantada la purga a Duarte. Hoy lo pondrán en la lista de indeseables, junto con algunos de su camarilla, en principio, los que tengan los expedientes de corrupción más avanzados, en la reunión que hoy por la tarde celebrará la Comisión Nacional de Justicia Partidaria.
En el compás del cumplimiento de la decisión de la cúpula central del poder para defenestrar a Javier Duarte y a su rapaz gobierno, avanzada por la Procuraduría General de la República (PGR) la semana pasada, al confirmar que se le investiga por enriquecimiento, peculado y defraudación fiscal, la dirigencia nacional del PRI instruyó precipitar la expulsión de Duarte como militante del PRI. Hoy ahondará su deslinde de Duarte.
Poco significa para este proceso político partidista si determina la suspensión de derechos o la expulsión de Duarte y el grupo de su banda; no se trata de un asunto de estricto derecho, aunque exista una normatividad partidista –estatutos y código de justicia partidista–, el encuadre exacto es irrelevante cuando el grupo de poder central, el que domina gobierno y partido, ha decidido marcar distancia de Duarte.
Ofrecer a uno de los suyos (goodfellas) a la rendición de cuentas, a la piedra de sacrificios, para aminorar el rechazo, el desprestigio y la marca de la corrupción. Cual sea el alcance de la sanción que hoy le apliquen a Duarte, suspensión de derechos como militante o la extrema expulsión, ésta sin encuadre exacto pues no hay definitividad en los señalamientos de corrupción, lo cierto es que Duarte está fuera del PRI. Es un indeseable para el Gobierno Federal que intenta convencer de la autenticidad de sus propósitos de combate a la corrupción por indeseable y someterlo a proceso penal, como una forma de convencer de la autenticidad de su voluntad de combate a la corrupción.
Acabado políticamente en Veracruz –estado que deja en el desastre– además de la entrega del poder político a la oposición, sería no sólo inútil sino contraproducente para él intentar resistir política o jurídicamente la decisión del partido, que no es más que la decisión del presidente Peña Nieto y su círculo de ofrecer un espectáculo de escarmiento a la corrupción extrema y a la ineficacia política en la repudiada figura de Javier Duarte, presta nombres y cómplices.
La ofensiva federal contra Duarte va a la alza. No es remoto que esta misma semana –incluso hoy mismo, lo que cerraría su lunes negro–, la PGR envíe a la Cámara de Diputados la solicitud de declaratoria de procedencia de proceso penal, su desafuero.
Resistencia artificial y filtraciones
En el entendido de la relación de fuerzas a su favor no cedió el presidente del PRI nacional, Enrique Ochoa, a los pataleos y berrinches de Duarte y El Cisne, la artificial “rebelión” de diputados federales y de los sectores estatales del PRI, los desplegados de apoyo publicados (seguro con pago del estado). de la que varios de los supuestos firmantes muy pronto se deslindaron.
De los firmantes huecos quedó poco –unos son los cómplices, varios de ellos señalados en las investigaciones, otros que no tenían vela, como los del PVEM, que resultaron raspados por meterse en asuntos internos del PRI–, y muchos más que se dijeron sorprendidos de ver sus nombres en un mensaje que no conocieron, que sólo consintieron en firmar una carta de apoyo y no una protesta contra la dirigencia nacional por considerar “injustas y desproporcionadas” las expresiones sobre la supuesta sanción que viene contra Duarte. No parece intimidar a los dirigentes nacional del PRI el subrayado de que “no se encuentra solo (Duarte) y cuenta con las 20 diputadas y diputados”.
Tan falso como las firmas del desplegado de apoyo, el argumento de “defensa”: reducir las acusaciones en contra de Duarte a infundios, y basadas en las denuncias del “entonces candidato a la gubernatura del estado militante del PAN, Miguel Ángel Yunes Linares”. Omiten las denuncias de la Auditoría Superior de la Federación que le reclama a Duarte y a su gobierno 35 mil millones y acusado en la PGR por simulación de reintegros de fondos federales en comprobaciones, así como toda la maquinación delictiva en compras gubernamentales que detectó el SAT y por las cuales tambien denunció el ORFIS. Estas pillerías no tienen que ver con las denuncias de Yunes Linares.
Los Yunes senadores del PRI no dejaron pasar el tema. Héctor se le fue a fondo a Duarte, denuncia la coacción para los firmantes y pide se aplique ya la expulsión (hasta invoca la causal de apoyo a otro partido, Morena). Pepe, por su parte, como acostumbra, se queda en la zona “institucional” de apoyo a la decisión del partido.
Por otro lado, Duarte, acaso creído de algún peso político de las cartas que mandó a publicar el cisne, le dio por fanfarronear (un chico rato) de que “Hay gobernador para rato”.
Después le bajo y servil de dientes para afuera twitteó: “Reconozco el liderazgo de Enrique Ochoa y estoy totalmente de acuerdo con él en lo referente a la transparencia y rendición de cuentas”. Para esto ya se había filtrado la presunta irregularidad en la liquidación en favor de Ochoa al renunciar como director de la CFE. Sacó boleto Duarte, porque Ochoa atribuyó la filtración como una presión por los que va a expulsar del PRI.
La cadena de errores políticos cometidos por Duarte le tienen en la lona. Su ciclo de poder (y abuso) acabó. Su rendición de cuentas ha comenzado. Oponerse al PRI y negarse a renunciar es inútil. En el mejor de los casos, alarga su agonía. El veredicto y la purga ya están resueltos.