#AsuntosPúblicos: CRISIS TERMINAL

+ Columna de Eduardo Coronel Chiu, escrita en Diario AZ Xalapa y Veracruz

Zona Centro

Eduardo Coronel Chiu - 2016-09-07

Eduardo Coronel Chiu

No es caer en el pesimismo si se piensa que el estado de Veracruz desafortunadamente atraviesa su peor crisis histórica de gobernabilidad.

La observación realista del ciclo final del gobierno de Javier Duarte (2010-2016), acumulado al periodo previo de Fidel Herrera (2004-2010), de cuyo grupo político procede, constata el deterioro y la incapacidad de conducción del estado.

Los medios de comunicación del estado y de la Ciudad de México muestran las condiciones en que vive la población, el desbordamiento de los problemas sociales, económicos y políticos al gobierno terminal de Javier Duarte.

Todos los indicadores socioeconómicos son negativos, crecimiento, empleo, inversión, pobreza, educación, salud, etc., y en lo que es la mayor responsabilidad del estado, mantener la gobernabilidad, ha sido un fracaso.

A menos de tres meses de la entrega del mando, la vida pública cotidiana de Veracruz transcurre entre ejecuciones y secuestros, una guerra mortal de bandas delictivas a lo largo del estado, aunque intensificada en ciertas zonas; reclamantes diversos de pagos –particulares e institucionales– al Gobierno del Estado (ayer le volvió a cobrar la rectora de la UV 2 mil 300 millones de pesos), insolvencia financiera de la administración y pugnas políticas por la transición y el cambio de grupo que habrá a partir de diciembre en el poder del estado. Y en el centro de los debates los señalamientos de corrupción a Javier Duarte, familiares y colaboradores, las evidencias de desvíos de recursos públicos y de enriquecimiento ilícito: la prosperidad diferenciada del duartismo.

Destructor de instituciones

Del mismo modo que termina el largo periodo de gobiernos del PRI, no se conocía la alternancia de partido político el Poder Ejecutivo en Veracruz, Duarte culmina una obra de demolición: destruye las bases y condiciones de gobierno.

Fue incapaz de meter orden en la administración pública, algo elemental que habían preservado sus antecesores, mantener un equilibrio financiero relativo y garantizar el mínimo de servicios y bienestar a la población; cuando menos hasta antes de Fidel Herrera; si a éste lo encubrió y tuvo que tragarse su desfalco, es una situación, en su caso de complicidad, que si no lo denunció en su momento ahora debe asumirla como propia.

El punto es que con Duarte el Gobierno del Estado llegó a la ruina. Devastó las finanzas del estado, se excedió en la contratación deuda pública, no contuvo el gasto corriente ni controló el pasivo de corto plazo, que se disparó, y que ahora en parte –11 mil millones de pesos– pretende pagar con el impuesto a la nómina, pasivo que ocultó falsificando la contabilidad gubernamental hasta que se le cayó el teatro, y por ello las calificaciones negativas de riesgo crediticio. El secretario de finanzas actual Antonio Gómez Pelegrín, es de comedia negra, se atreve a decir que no están quebradas las finanzas, lo que pasa es que no les alcanza el dinero, ¡buen chiste!
El gobierno de Duarte con el recorte presupuestal y el subejercicio de recursos precarizó los servicios públicos, paralizó las obras, unas las pago y no se hicieron y otras se medio hicieron y no las pagó, otras las pagaron en demasía, lo que se verá cuando los revisen los del grupo ajeno.
Uno de los mayores fracasos es la seguridad pública. Mucho bloff de su enriquecido secretario Arturo Bermúdez, renunciado por el escándalo de sus mansiones en USA. Termina como empezó con cadáveres en montón. No fue capaz su gobierno de contener la irrupción de las bandas delictivas, lo rebasó la violencia e inseguridad asociadas al dominio territorial de la delincuencia organizada, con más que presunción de complicidad con los cuerpos policiacos municipales y del estado, los que no pudo o no quiso depurar y hacer confiables.

La agonía de su régimen es otro de sus lastres. Derrotado políticamente y aislado del círculo de poder del gobierno central, bajo investigaciones del Gobierno Federal por los hechos de corrupción señalado, no hay muestras de que lo vayan a ayudar para que llegue a la playa, pero este abandono a su suerte repercute en la persistente ingobernabilidad

¿Salvamento?

A Duarte no le echaron la mano del Gobierno Federal, manejó los recursos del estado y no pudo con el paquete (aunque las maletas sí se las cargó).
Y eso que presumía, antes de su debacle gubernativa, que era cuatísimo, en superlativo de “Enrique”, hasta le había concedido, según su cuento, en las escaleras del avión presidencial que manejara su sucesión. En lo financiero nunca se vio ayuda especial, a diferencia de otros estados, incluso de la oposición; tampoco hubo apoyo para la reestructura financiera; en Hacienda lo frenaron, se ve que Luis Videgaray no lo traga –sus alfiles lo traen a raya, Aristóteles Núñez del SAT, el ministro de la Corte Javier Laynes Putisek y el auditor Juan Manuel Portal de la ASF, que por cierto ayer volvió a clavarle la banderilla a Duarte recordando que no ha comprobado las observaciones de desvíos por 35 mil millones de pesos, tampoco ha reintegrado los fondos que simuló devolver y por los que está denunciado; preguntándose, lo que no pocos se preguntan aquí: ¿dónde está el dinero?
Los recortes al presupuesto federal y la contracción de la industria petrolera impactaron negativamente al estado. Además, muy importante para entender cómo se cayó la caja financiera, fue el cambio de las reglas del manejo del fondo federal para la educación, que se trasladó a la Tesorería federal y la penalización través de la Auditoría Superior de la Federación (ASF) de la simulación de reintegros de fondos, ahí acabó la revolvencia y la liquidez de operación del estado.
En materia de seguridad, el apoyo fue reducido, las fuerzas federales sobre todo de la Marina y el Ejército se concentraron en determinadas zonas, que se ve han sido insuficientes.
El Gobierno Federal, el grupo central, está en lo suyo, atrapado en sus propios problemas, como para rescatar a los estados (salvo el Estado de México). Menos a gobernadores que apestan a fracaso, repulsión popular y corrupción, como Javier Duarte, quien por cierto ahora hace comunicación social por twitter.
Vejigas de Yunes
Aunque el gobernador electo, Miguel Ángel Yunes, sabía de la crisis de gobernabilidad principalmente en los rubros de finanzas quebradas e inseguridad desde la campaña electoral, entonces la explotó junto con la corrupción de Duarte y los suyos, ahora que se aproxima su momento de gobierno, Yunes ya vio que no es lo mismo criticar al que gobierna que gobernar en condiciones de precariedad institucional.
Sigue clamando por la intervención del presidente Peña, le pide que el Gobierno Federal se haga cargo de la seguridad pública y que la Secretaría de Hacienda intervenga las finanzas públicas del estado. ¡Qué fácil se la encontró!
Ya va buscando sus pretextos para justificar cuando no pueda cumplir sus promesas de campaña. ¿Tiene salida la crisis de gobernabilidad de Veracruz?, no se ve fácil.

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