#AsuntosPúblicos: POLÍTICA DE CHOQUE, LEJOS DE ACUERDOS

+ Columna de Eduardo Coronel Chiu, escrita en Diario AZ Xalapa y Veracruz

Zona Centro

Eduardo Coronel Chiu - 2016-08-15

La secuela del conflicto político por la sucesión del poder en Veracruz está lejos de resolverse.
Hoy la acción política principal en el estado se caracteriza no por los acuerdos, los consensos o los proyectos comunes, sino por la confrontación, la agresividad verbal, el desafío, la pretensión de destruir al adversario.

Es evidente la división política que se ha producido entre los grupos disputantes del control del poder del estado, tanto al interior del partido dominante, el PRI –donde es evidente la escisión de las corrientes, desde antes del proceso electoral, agudizada por la derrota–; como frente al grupo vencedor de la oposición, que reclama sin éxito desde hoy su nuevo lugar; pero en este combate no se limita a las camarillas partidistas, lo han extendido a diversos segmentos de la sociedad veracruzana, a la que han polarizado por intereses o afinidades. Veracruz en el ring político.

A la confrontación de guerra total que ventilan en medios y ministerios públicos, con denuncias cruzadas por enriquecimiento ilícito, el gobernador saliente Javier Duarte –del PRI– y el gobernador electo Miguel Ángel Yunes Linares –de la coalición PAN-PRD–, ayer se agregó otro frente de batalla; ahora, el pleito entre Yunes y Andrés Manuel López Obrador, el líder nacional de Morena.

Aunque ya se habían atacado en la campaña electoral, se recuerda que AMLO siempre ha calificado a Yunes de corrupto, aprovechó la contienda pasada para referirse a una de las mansiones del cuestionado gobernador electo: “Yunes tiene una casa como no la tiene ni Obama”; a lo que entonces el aludido respondió que AMLO jugaba del mismo lado que el PRI, a cuyo candidato no atacaba.

Yunes, no suma, divide

Ayer se reabrieron las hostilidades entre AMLO y Yunes. Al margen del contenido de lavadero de sus dimes y diretes de ayer, lo relevante es la persistencia de animadversión, la distancia que tienen como para concertar una alianza en Veracruz.

Este nuevo choque tiene otro significado, ahora cuando la elección quedó atrás, pero Yunes no parece ocuparse de la búsqueda de coincidencias para los escenarios de gobierno; sino de ahondar la división.

Con racionalidad política tendría que ser el más interesado en un pacto político con AMLO, en razón del valor de gobernabilidad en el Congreso de la bancada de diputados locales de Morena, pero no parece concederle esa importancia.

López Obrador se reunió ayer en Veracruz con sus diputados federales y con los diputados electos del estado –siete– descontando la posición anulada del distrito de Cosoleacaque, uno de los triunfadores de la pasada elección. Tendrá aquí una bancada como nunca la había tenido la izquierda.

Si el PAN y el PRD quieren tomar decisiones en el Congreso que se instalará a partir del 5 de noviembre, necesitan al PRI con el que están reñidos o de los diputados de Morena, con lo que también andan de pleito.

Poder fraccionado

El proceso electoral canalizó la competencia y proyectó el nuevo reparto del poder, el cual no se concedió pleno a ninguna fuerza, obligando a los actores a la negociación, una actitud que no se le ve, a los que se sienten los protagonistas del momento.

PAN-PRD ganaron el Poder Ejecutivo, con un tercio de la votación, de tal forma que Yunes Linares se acredita hoy la condición de gobernador electo (aunque todavía con impugnaciones pendientes de resolver los tribunales electorales) sólo con el 34.4% de los votos, es decir, más del 65% no votaron por él. No parece entender que aunque la regla de suma cero que aplica a la elección de gobernador (el que gana se lleva todo) no elimina el hecho de que tuvo el respaldo únicamente de una tercera parte del electorado, fragmentación que sin embargo sí se expresa en la representatividad plural sin dominante en la composición del Poder Legislativo.

No es muy alentador para el entendimiento de la política como conciliación de intereses, la actitud pendenciera, revanchista y autoritaria de Yunes Linares. La transición del gobierno del estado es territorio de guerra, la alternancia por primera vez de partido político en el Poder Ejecutivo, y la enemistad política y personal entre el gobernador saliente Javier Duarte del PRI y el gobernador electo Miguel Ángel Yunes Linares, de la coalición PAN-PRD, pronostica un cierre de pelea callejonera por los días que faltan. Salvo alguna situación extraordinaria o mediación que no se ve.

Miguel Ángel Yunes Linares sigue en rijosa campaña electoral presionando para que se precipite la entrega recepción –lo que no parece factible se haga–, tendrá que esperar hasta el 1 de diciembre, cuando tomaría posesión del cargo de gobernador efectivo; mirando (y estorbando en lo que pueda) como termina el gobierno de Duarte.

Los contrapesos y el autócrata

Por los signos de intolerancia y displicencia de Yunes a las fuerzas políticas que no están de su lado incondicionalmente, tampoco es probable que se aplacen los conflictos y se produzcan los acuerdos y consensos en la pluralidad.

La idea de Yunes de la política (aparte de la motivación cleptocrática) es de fuerza, de sometimiento y aniquilación de los adversarios. Se quedó con el modelo priista del siglo pasado. Aunque se quiere disfrazar de “demócrata” es sin duda un tipo de personalidad autoritaria. Chocará con las instituciones y fuerzas que representan contrapesos. Ya se verá.

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