+Columna de Eduardo Coronel Chiu, escrita en Diario AZ, Xalapa y Veracruz
Zona Centro
Eduardo Coronel Chiu - 2016-05-20
En franca desesperación por su desplome en imagen e intención del voto a causa de sus escándalos revelados de enriquecimiento ilegal y de abusos sexuales a menores, Miguel Ángel Yunes Linares, candidato del PAN-PRD a gobernador, trajo ayer a Sandra Ortega Rivas para que lo defendiera, pero abrió otro flanco; jaló al debate público a la mujer con la que no sólo ha estado ligado en la esfera íntima, sino en complicidades de negocios en el servicio público.
En el aparente papel de víctima, Sandra Ortega Rivas ofreció una conferencia de prensa sin aceptar preguntas para refutar a Edith Encalada, la denunciante del pederasta Succar Kuri, en la implicación que hace de Miguel Ángel Yunes como cómplice de la red de pederastia y pornografía infantil, negando que éste hubiera tenido sexo con su hija Sofía Garfías.
Se tardó 13 años Sandra Ortega en negar que acompañó a Yunes Linares a las Villas Solymar de Cancún, propiedad de Succar Kuir, donde se celebran las orgías y filmaciones de las menores abusadas y que Edith Encalada, la principal denunciante, nunca las conoció ni fue amiga de su hija. No cuadra su justificación, es incapaz de explicar cómo la denunciante menciona en 2003 a Miguel Yunes, a ella y a su hija, apuntando a la existencia de un triángulo sexual consentido. ¿Por qué habría de mencionarlos a los 3 hace 13 años?, es el mismo relato que ahora confirma.
Apeló Sandra ante el auditorio a su condición de mujer –aunque no hay excluyente de responsabilidad por cuestión de género–, se dijo víctima junto con su hija de una guerra política de la que responsabilizó a personas “públicas”, sin ninguna prueba. Para tratar de ganar compasión. Parecía uno de los guiones teatrales de Yunes Linares.
Pero objetivamente más que en el papel de víctima, Sandra actuó en un acto electoral de defensa de su hombre; de contención y control de daños por su pasado. Nadie duda que los recordatorios de la pederastia se inscriben en el proceso y los motivos político-electorales; es innegable, pero no se originan hoy, son la larga cola que andan arrastrando. Surgen ahora con interés puesto que hay que examinar a los aspirantes al poder público no sólo en sus propuestas, sino también en sus capacidades, trayectorias y en este caso en su moral, que como se ve la de Yunes Linares es doble.
En el expediente y declaraciones nunca aparecen sus apellidos
Si se consultan las fuentes de información del caso de pederastia y pornografía en Cancún en el que se ha vinculado a Miguel Ángel Yunes, se observará que en ninguna parte de las declaraciones de Edith Encalada se precisan los apellidos de Sandra y el de su hija aparece incorrecto En la averiguación previa de 2003 y en la reciente entrevista concedida a los medios, sólo se menciona los nombres propios sin apellidos, salvo en una declaración ministerial el apellido de Sofía erróneamente se pone Goufías, pero ellas ahora se encargan de precisar que es Garfías. Además de que pidieron al columnista de Excelsior, Francisco Garfías, tío de Sofía, que expresara “La Pesadilla de Sofía” a causa del bombardeo de la pederastia de Miguel Ángel Yunes, de quien admite “fue mi padrastro” (como Edith Encalada contó que Succar Kuri era como su papá), “pero nunca me faltó al respeto”; mismo argumento que manifiesta Sandra, sin reconocer la relación y como si se hubiera tratado de un encuentro fortuito y esporádico.
Cómplices de enriquecimiento ilícito
Sandra Alicia Ortega Rivas es persona muy identificada con Miguel Ángel Yunes Linares desde hace más de 20 años, no sólo en el plano personal afectivo, sino como parte de su red de negocios en el servicio público. De esa relación, es anecdótico y al fin de cuentas su esfera privada, sus fotos de paseos playeros, aunque no tanto la mención que se hace de ambos en la investigación de pederastia en Cancún en el caso de Jean Succar Kuri; pero lo relevante en el tema del enriquecimiento ilícito y la rendición de cuentas son sin duda sus complicidades en el desvío de recursos públicos.
En el Gobierno del Estado
Como lo recordamos en la edición de hoy, ambos se beneficiaron indebidamente de los fondos públicos del Gobierno del Estado, cuando Miguel Ángel Yunes Linares fungió como Secretario General de Gobierno de Patricio Chirinos (1992-1998), Sandra Ortega era contratista de publicidad del Gobierno del Estado y favorecida con millonarias adjudicaciones exclusivas de campañas gubernamentales y políticas para su empresa Conceptos Publicitarios. Entonces no se dudaba que la empresa publicitaria era de Yunes Linares y que Sandra era la presta nombres. Casi cinco años, de diciembre de 1992 a septiembre de 1997, le pagaron con cargo al presupuesto del estado.
En la primera fuga del Chapo
También estuvo Sandra Ortega con Yunes Linares y su equipo en el oscuro periodo de la administración de las prisiones federales; llegaron en 1998 cuando era secretario de gobernación Francisco Labastida y subsecretario Jesús Murillo Karam, Sandra aún estaba ahí en enero de 2001 con el encargado de la banda en las prisiones, Enrique Pérez, cuando se produjo la primera fuga del Chapo Guzmán del penal de Puente Grande, Jalisco. Fue investigada por una declaración de que ella recibió una llamada telefónica alertando la fuga, tres meses antes de que ocurriera; y no hicieron nada. Como a toda la banda jarocha (con excepción de Francisco Fernández Ruiz, El Celaya, que purgó 12 años de cárcel), Sandra como Enrique Pérez y Yunes Linares, el jefe desde afuera, fueron exonerados.
En el ISSSTE
Como también se ha documentado, cuando Miguel Ángel Yunes fue designado Director General del ISSSTE en 2006, Sandra Ortega Rivas fue delegada de la institución en la zona norte del Distrito Federal; y más que eso fue el eje de la otra familia de Yunes Linares incrustada para hacer negocios en el ISSSTE. Yunes Linares nombró a su cuasicuñada Rosana del Carmen Ortega Rivas directora de los servicios turísticos del ISSSTE, dependencia desde la que operaron multimillonarios desvíos del Fondo Bicentenario; dictaminó la Auditoría Superior de la Federación (ASF) que a través de Turissste se triangularon operaciones sin tener facultades, y adjudicaron directamente a precios fuera de mercado por varios miles de millones de pesos. Es obvio suponer que Yunes Linares y Sandra –así como otros connotados funcionarios del pasado gobierno panista– se beneficiaron de las cuantiosas ganancias del negocio con la administración pública.
Las intimidades son cosa de cada quien, pero la relación de Sandra y Miguel Ángel se ha proyectado a la esfera pública, sus lazos afectivos se mezclan con la obtención indebida de beneficios a costa de los recursos públicos, y en hechos penosos de investigación sobre abusos sexuales a menores.
A ver si no le sale contraproducente a Miguel Ángel Yunes haberla traído a que lo defendiera, esconderse tras sus enaguas, la expone a la visibilidad de sus complicidades en el enriquecimiento ilícito.