#Especial: TENER CÁNCER DE MAMA ES TENER A LA MUERTE DE FRENTE: SOBREVIVIENTE
+Angélica Roa Íñiguez, abogada de profesión, tuvo a la muerte de frente.
Zona Centro
Monserrat Caicero Maya.- - 2016-05-03
Hace exactamente nueve años, Angélica Roa Íñiguez, abogada de profesión, tuvo a la muerte de frente -como así lo dice ella-, pues por una cirugía que no debió ser hecha sin antes realizar una biopsia, se dio cuenta estaba en evolución un tumor que se denomina carcinoma infiltrante, esto quiere decir, que estaba en evolución un cáncer de mama.
Al recibir la noticia, cuando apenas tenía 28 años de edad, se derivan una serie de actos quirúrgicos severos y posteriormente quimioterapia y radioterapia.
“No me querían hacer estudios de mama, hay algo muy importante que todos debemos saber, científicamente y dentro de la medicina, se dice que la mastografía se debe hacer a partir de los 40 años, yo cuando acudí a hacerme estos estudios porque yo ya tenía ese malestar, decidí hacerme la mastografía y aumentarme la edad para que me dieran la orden, como lo hice, pues con mentiras, porque me dolía algo y ahí fue donde también ya se veía venir ese cáncer”.
Al recibir el resultado de sus exámenes comenta que inició su tratamiento el cual fue de varios ciclos de quimioterapia, posteriormente radioterapia y concluyó con una cirugía en la cual le extirparon ganglios linfáticos. Tras la cirugía recibió rehabilitación porque perdió la movilidad del brazo derecho por muchos meses; posteriormente cerró con broche de oro con más quimioterapia.
“El tratamiento duró un lapso de un año dos meses, las secuelas para nosotros los pacientes con CA de mama es el infedema que queda en el brazo, pues muchas personas no logran recuperar la movilidad, incluso, les queda agua en el canal linfático. Yo, gracias a la rehabilitación, ejercicios y cuidados volví a recuperar la movilidad del brazo a un 90 por ciento”.
Enfrentarse a esta situación no fue nada fácil para ella, pues comenta llegó a disgustarse con la vida, “es algo muy fuerte y severo, sobre todo esa edad cuando tienes una hija pequeña, más te molestas pero aquí es no preguntar por que, si no qué, qué iba a hacer después de recibir esa noticia, lo que hice fue redoblar esfuerzos, hacer una revisión de mis actos y ver que la vida no es un juego, sino, un deber”.
Dijo sentir miedo y desesperación porque el cáncer le llegó a una edad muy temprana, pues las demás pacientes que conoció eran mayores a ella.
“Cuando iba a consultas, la mayoría de las que eran pacientes eran señora grandes y comentaban que ellas ya tenían una vida hecha, que sus hijos ya estaban grandes y que si no aguantaban una quimioterapia más, ellas ya estaban tranquilas, pero al verme a mi, decían que era más mi preocupación al ser un paciente joven y con una hija pequeña, eso a pesar de ponerme triste, me daba fuerzas porque yo tenía un motivo para salir adelante”, comenta Angelia.
La familia jugó un papel muy importante y a la vez también preocupante, pues a pesar de que no la dejaron sola, también sufrieron junto a ella; experimentaron estres, agotamiento, gastritis, entre otras más, al ver a Angélica cómo llevaba su procedimiento médico para salvar su vida, pues el cáncer de mama es una enfermedad de tiempo y resistencia.
“Mis padres estaban muy agotados, yo los veía muy estresados, mi mamá se adjunto una gastritis severa porque eran horas de estar afuera esperándome en la sala del hospital, mi hija, de su salón de clases era la única niña que no leía, para ella esta situación fue un impacto muy fuerte porque ella era la única que no aprendía a leer, esto como mamá es un golpe, porque cuando salía del kínder me decía “mamá, tengo que hacer una flor”, y no podía, porque mamá no podía hacer todo el procedimiento al no poder mover el brazo derecho, por todo el tratamiento que estaba llevando, pero como pude, la hice. Para peinarla era igual, es un proceso bastante severo y difícil, pero siempre repetí que tenía que redoblar esfuerzos”.
Platica que las quimioterapias llegaron a ser muy fuertes y que en una ocasión, después de recibir su tratamiento, se quedó profundamente dormida y dejó a su hija Paulina sin comer. La niña trató de despertarla y ella entre sueños recuerda que su hija le pedía de comer y ella no podía porque se sentía muy débil, lo cual para ella fue una experiencia desesperante porque no podía dejar desatendida a su hija.
“En esta enfermedad se viven duelos, yo no tuve tiempo de llevar un duelo, porque mi hija estaba chica y ella fue mi terapia, me pedía que la peinara, que le diera de comer y me exigía; honestamente no tuve tiempo de vivir duelo.
Tras vivir esta dura experiencia, Angelica Roa Íñiguez año con año se realiza un chequeo médico para descartar cualquier otra anomalía en su cuerpo. Actualmente es voluntaria en conjunto con más sobrevivientes de cáncer para ser porta voz y transmitir a otros pacientes su experiencia, decirles que hay más vida y motivos para luchar.
Realiza actividades en pro a la situación oncológica de mujeres y niños; organiza carreras deportivas, donaciones de cabello para hacer pelucas, campañas para donar gorros a niños, entre otras actividades más.
A pesar de vivir otros tiempos, aun existe la desinformación
Angélica comenta, que hace nueve años había más desinformación, las mujeres no iban al médico a hacerse estudios, “yo porque siempre fui muy insistente y porque hay carga genética en mi familia fue que lo hice, pero hace nueve años visualizo que no había toda la información que se tiene actualmente.”
Pero, aunque hoy en día se tenga más información de este tema, cree que existe un tabú para hablar del cáncer, “de que a mi no me va a dar y no quiero que sepan”, actualmente se ven casos en mujeres que no pasan de los 30 años, el cáncer a esa edad es el más agresivo.
“México esta en pañales para sobrevivir a esta situación, vivimos en un tiempo de violencia donde se burlan del niño que está sin cabello, de que a la señora la ven feo porque se le ve la blusa chueca porque no tiene busto; eso a mucha tristeza y se debería trabajar en eso, en la conciencia.”
“Los niños son los primeros juzgadores y son severos con sus compañeros, desde ahí se debe empezar, a trabajar con los niños y hacerlos sensibles y humanos para apoyar, tener mas amor para evitar tanto dolor. Muchas veces los pacientes van solos porque se sienten solos”.