De la última cena, a la resurrección de Jesucristo

+ Reviven en este 2016 su Pasión

Zona Centro

David Alavez Cabra - 2016-03-28

En este años 2016, nuevamente mucha gente recordó la Pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, sobre todo desde el momento en que es prendido en el huerto de Getsemaní, y previo a ello, la denominada “Última cena”, donde el Señor se despidió de sus discípulos y les dijo que pronto se iría a preparar habitaciones para todos ellos, para que donde Él estuviera (el cielo Reino de Dios), ellos también pudiesen estar (Juan 14:1-6).

Judas, es el encargado de entregarlo a los soldados romanos y a los guardias enviados por los jefes de los sacerdotes y los fariseos, pero por la tarde, antes de ello, les lava los pies a sus 12, acto que es muy recordado por católicos y también por cristianos evangélicos (Juan 13:3-17).

Ya en el huerto, Judas besa a Jesús, para que quienes lo prenden supiesen que él era a quien buscaban, y es llevado con Anás, el sacerdote de ese tiempo (Juan 18:1-13) donde es acusado de blasfemar al hacerse igual que Dios y es abofeteado por uno de los alguaciles. Más tarde, se cumple lo predicho por Jesús a Simón Pedro de que lo negaría 3 veces antes de que el gallo cantase (Lucas 22:34, Juan 18:15-25, Lucas 22:60-62).

Entonces, fue llevado a la presencia de Poncio Pilato, personaje que trató por diferentes medios evitar su muerte en la cruz, pero que finalmente cedió pues los principales sacerdotes y los ancianos ejercieron toda la presión para que dejara libre a un delincuente llamado Barrabás, y Poncio se lavó las manos, declarándose libre de la sangre de ese Justo, el Salvador del mundo.

Mientras tanto, Judas Iscariote al darse cuenta de su error, arrepentido les regresó a los sacerdotes las 30 monedas de plata, y en el lugar conocido como el Campo del Alfarero, se ahorcó. En tanto, Jesús es azotado. Posteriormente, los soldados le llevaron dentro del atrio, esto es, al pretorio, y convocaron a toda la compañía para ponerle vestiduras de reales color púrpura, y una corona tejida de espinas sobre su cabeza para entonces comenzar a saludarle diciendo: ¡¡Salve, Rey de los judíos!! Y le golpeaban en la cabeza con una caña, y le escupían, y puestos de rodillas le hacían reverencias. Luego le regresaron sus vestiduras y lo llevaron para crucificarle.

Y salió cargando su cruz, pero estaba tan maltrecho que obligaron a un hombre que venía del campo llamado Simón de Cirene que la llevase tras él. Y le seguía gran multitud del pueblo, y de mujeres que lloraban y se lamentaban por él. Así, llegaron al lugar llamado de la Calavera o Gólgota, en donde le crucificarían en medio de dos malhechores, Eran ya como las 12 del día, y de repente, sol se oscureció hasta las 3 de la tarde. Entonces Jesús expresó: “Dios mío, Dios mío porqué me has desamparado”; y clamando a gran voz, dijo: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Y habiendo dicho esto, expiró.

Entonces, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo, y la tierra tembló, y las rocas se partieron. Asimismo, se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos. El capitán (centurión), y los soldados que estaban con él custodiando a Jesús, viendo el terremoto y las cosas que habían sucedido, tuvieron mucho temor y dijeron: Verdaderamente éste era Hijo de Dios.

Cuando llegó la noche, vino un hombre rico de Arimatea llamado José, que también había sido discípulo de Jesús. Este fue a Pilato y pidió el cuerpo de Jesús. Entonces Pilato mandó que se le diese el cuerpo, el cual envolvió en una sábana limpia, y lo puso en su sepulcro nuevo, que había labrado en la peña; y después de hacer rodar una gran piedra a la entrada del sepulcro, se fue.

Así, llegó el domingo, el primer día de la semana, y muy temprano, cuando aún estaba oscuro, Magdalena, María la madre de Jacobo, y Salomé, llegaron con especias aromáticas para ir a ungir el cuerpo del Señor pues descansaron el día sábado, y la piedra que estaba colocada para cerrar el sepulcro estaba quitada, viendo a dos varones vestidos de blanco, quienes les dijeron: “¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?. No está aquí, sino que ha resucitado” (Lucas 24:1-5).

Al mismo tiempo, unos soldados que estuvieron de guardia ante la tumba fueron a la ciudad, y dieron aviso a los principales sacerdotes de todas las cosas que habían acontecido, los cuales llevaron a cabo un consejo y decidieron darles mucho dinero para que mintiesen y dijesen que sus discípulos llegaron en la noche y lo robaron el cuerpo de Jesús mientras dormían. Y lamentablemente así lo hicieron, y este dicho se ha divulgado entre los judíos hasta el día de hoy (Mateo 28:11-15).

Pero la realidad es que Jesús resucitó por la mañana del primer día de la semana (domingo), y se le apareció primeramente a María Magdalena, de quien había echado fuera siete demonios, quien les hizo saber a los demás discípulos que el Señor vivía y que lo había visto, pero no le creyeron. Luego se le apareció a dos de ellos en el camino a Emaús. Por la noche de ese mismo día, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, Jesús llegó con ellos y se les apareció (Marcos 16:9-13, Lucas 24:13-44).

Además, Jesucristo se apareció a más de 500 personas (1 Corintios 15:6), para que no quedara duda que RESUCITÓ. Con este dato, concluimos con esta reflexión de la vida, muerte y resurrección de Cristo, la cual tuvo un propósito de dar vida eterna con Dios el Padre a todos los que creen en su nombre: “Y llamarás su nombre Jesús, porque el salvará a su pueblo de sus pecados”, Mateo 1:21.

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