+El trabajo de los guardaespaldas había sido ya convertido en una especie de accesorio o juguete para demostrar poder.
Zona Centro
REDACCIÓN - 2016-03-28
Hace poco estuvimos en un viaje en la Ciudad de México, e inevitablemente se le pregunta al chofer sobre sus experiencias con los viajes.
La persona, de quien omitimos el nombre, nos platicó que alguna vez fue escolta de funcionarios, pero que ahora solamente se dedicaba a manejar porque el trabajo de los guardaespaldas había sido ya convertido en una especie de accesorio o juguete para demostrar poder.
Nos platicaba que anteriormente había una seriedad y respeto al trabajo como guardaespaldas, conscientes de que su labor implicaba cuidar la integridad física del protegido, y no funcionar como “guarro”, “golpeador” o “pistolero”.
Que la labor del escolta incluso llegaba a niveles de que si entraban a un lugar y éste veía algo sospechoso, solicitaban al cliente que se retiraran del lugar para buscar un lugar más seguro.
Que igual la labor del escolta es cuidar y proteger, hasta del mismo protegido.
Lo anterior también nos recuerda el lamentable caso del #LordFerrari, donde uno de sus guardaespaldas literalmente bajó de la camioneta a un chofer y comenzó a golpearlo por el simple hecho de que se le atravesó en el camino. Escándalo que también nos lleva a reflexionar el porqué actuó de esa manera, por mucho que se lo haya ordenado el cliente.
Pero el detalle que en realidad nos llamó la atención, en la plática con el chofer, fue que la nueva generación de políticos —sin que en realidad corra su vida en peligro— gusta de traer varias camionetas con personal armado, pero sólo para engrandecer el ego; sólo para demostrar que son “personajes importantes” (aunque no lo sean); es decir, tener escoltas ya es un accesorio como el más reciente iPhone.
Y es que la labor para cuidar la vida de un ser humano es más complejo y va más allá de vestirse de traje, tener gafas oscura, un radio a la mano y una pistola oculta. Muchas veces también los clientes se olvidan que los guardaespaldas también necesitan descanso y no obstante ahí los tienen por horas sin hacer nada o pidiéndoles viajes muy pesados en horarios absurdos (como el de llegar a medianoche de un lugar lejano y pedirle que lo busque al día siguiente a las 5 de la mañana, para recibirlo hasta las 10).
Pero además un escolta profesional sabe si su cliente en realidad necesita de ciertas medidas de seguridad, porque también va la vida propia en ello, y es por eso que estudian que tipo de vehículo necesitan, horarios, etc., y —de ser necesario— hasta que tipo de armamento.
Pero no, hoy los escoltas profesionales prefieren no arriesgar el pellejo, al menos en Veracruz, para no servir como juguetito de los nuevos políticos que gustan presumir de tener quien los cuide.