+Columna de Eduardo Coronel Chiu, escrita en Diario AZ Xalapa y Veracruz
Zona Centro
Eduardo Coronel Chiu - 2016-03-14
Héctor Yunes Landa tragó gordo y se quedo sin discurso anticorrupción, Aunque en la Convención de Delegados del PRI el centro de la nota debió ser él, su nominación como candidato a gobernador, de eso se trataba el acto, se la quemó la presencia pactada del gobernador Javier Duarte, de quien se había querido deslindar sobre todo desde que desbordaron los señalamientos de corrupción e ingobernabilidad al actual gobierno priista y se soltaron las versiones de que Duarte dejaría el cargo anticipadamente.
La disciplina (y terquedad) priista se impuso. Pese a que todos en el PRI han admitido el enorme costo que representa Javier Duarte para su resultado electoral, la tesis de las tres, y como se sabe la cúpula nacional evaluó su remoción pero decidieron sostenerlo – adivinar cuales ocultos motivos-, el mensaje de ayer es que Héctor Yunes Landa lo llevará a cuestas hasta el fondo del barranco de su campaña.
Lo que sí cayó desde ayer fue la credibilidad discursiva de Héctor Yunes. En diversas formas pretendió crear una ilusión de diferencia con el grupo de Duarte, lo hizo desde mucho antes y en algún punto hubo hasta ruptura, cuando recibió la burla de la caña de pescar; decidido que fuera candidato, tuvo que abandonar el tema de corrupción de la camarilla frente a diversos sectores descontentos con el gobierno de Duarte, incluso de los tradicionalmente vinculados o cercanos al PRI y al gobierno estatal.
Se quedaron sin sustento las escobas, la exigencia de rendición de cuentes, el ya basta de los escándalos nacionales de desvíos, los que percibía de latrocinio y las promesas de que los metería a la cárcel y obligaría a devolver lo “robado” (jajajajaja, risas grabadas):
Suena hueco ante la pauta de cortejo político que ayer ostentaron Duarte y Héctor, la melosidad de la mención en el discurso, los ademanes de deferencia, guiños de complicidad de grupo y apapachos para la sonriente foto, ilustran sin lugar a duda el pacto de impunidad, conceden la razón al candidato del PAN-PRD, Miguel Ángel Yunes Linares, de que la crítica de Héctor a Duarte era puro cuento.
La docilidad de Héctor en aceptar al lastre Duarte sugiere algún intercambio adicional a la invitación priista de unidad. No será de gratis, de algún lado tendrá que salir el financiamiento a su campaña, aunque no hay dinero para pagarle a la universidad y a otros tantos acreedores.
La imagen de unidad ritual del PRI evoca el lugar común acerca de la política como “arte de tragar sapos sin hacer gesto”. Como farsa des salió bien. Pero esa simulación cínica difícilmente podría verse como un arte, además de que si hacen gastos, se ríen.
EL LASTRE: EJE DE LA CAMPAÑA
No por decreto o pontificación de líderes partidistas del PRI o de su candidato a gobernador, el debate político actual en Veracruz va a dejar de centrarse en la evaluación al gobierno saliente.
Se admita o no –desde hace algún tiempo la sucesión de gobernador en Veracruz y a la agenda de las campañas electorales gira en la reprobación al gobierno de Duarte-, este tema no saldrá de la escena mientras persista la profunda crisis múltiple de gobernabilidad –financiera, inseguridad, corrupción, desarrollo, etcétera- que tiene hoy al estado en ruinas entre protestas y reclamos de diversos sectores, ante la incapacidad del grupo gobernante de encontrar salida. En dos meses y medio que faltan para las elecciones de gobernador y congreso, ambos para un periodo de 2 años, poco se podrá hacer para revertir la imagen negativa de incompetencia, desorden administrativo y financiero, rapacidad y enriquecimiento del gobierno de Duarte que ha puesto al estado en riesgo de viabilidad institucional. ¿Por qué entonces, lo dejaron? Se quedó pero no resuelve, no hay rescate ni ayuda para destrabar el colapso de las finanzas estatales, la bancarrota, acumulación de deudas y suspensión de pagos que semiparaliza la administración pública y tiene al borde de la quiebra a numerosos sectores de Veracruz que le prestaron servicios, proporcionaron bienes o ejecutaron obras para el gobierno.
Hay quienes creen que en la ponderación los “estrategas nacionales” encontraron en la separación de Duarte un costo mayor que en dejarlo, aunque otras versiones apuntan a que la permanencia y efecto en la derrota del PRI sería parte del pacto de entrega del gobierno de Veracruz a la oposición, la venta de imagen de democracia del gobierno de Peña, además de la maniobra del secretario de Gobernación, Miguel Osorio Chong, quien como se sabe es amigo del candidato de la colación PAN-PRD, Miguel Ángel Yunes Linares. Es la tesis de las dos cartas Yunes Chong.
MASA Y ÉLITE
La convención del PRI fue un acto al viejo estilo del partido, con todo el folclore, la parafernalia y rito que le caracteriza de los que están y quieren permanecer (impunes) y los que aspiran a ser, los de Duarte y los de Héctor, pero quién sabe si lleguen, obviamente el decorado con los varios miles de extras acareados para el aplauso, y los notables del centro, el presidente del CEN del PRI, Manlio Fabio Beltrones, el senador Emilio Gamboa, el líder de lo que queda del sindicato de Pemex, Carlos Romero Deschamps, el ex gobernador Miguel Alemán Velasco. No vino Patricio Chirinos, por más que Héctor lo filtró -nadie creyó que algo pudiera hacerlo regresar- y reclutó a Sonia. Un grupo selector que citan las crónicas, el relumbrón del presídium de las notables. Le dan “lustre” al candidato, pero no votos.