+Columna de Eduardo Coronel Chiu, publicada en Diario AZ Xalapa y Veracruz.
Zona Centro
Eduardo Coronel Chiu - 2016-01-04
Si bien no hay duda en que el evento político del año en Veracruz es la renovación de poderes Ejecutivo y Legislativo –Gobernador y Congreso– en cambio hay incertidumbre sobre quién será en junio próximo la persona electa gobernador del estado para el recortado periodo 2016-2018; y no tanto si pertenecerá o no a alguno de los partidos políticos, sino si el PRI en alianza con el PVEM, cualquiera que sea su candidato, será capaz de retener el gobierno una vez más; primero, por sus diferencias internas, pero también debido al costo que representan las dificultades de cierre, sobre todo financieras y la caída de aprobación de la actual administración priista que encabeza Javier Duarte.
En el cuadro de la competencia el mayor drama aún está en el partido gobernante, el PRI. Sin definir todavía su candidato a gobernador –bajo la apariencia de la unidad decorativa– prevalece una lucha entre el grupo de los senadores Yunes (Zorrilla y Landa) y las cartas del gobernador –sobre todo Alberto Silva.
Después de que oportunista fue a sumarse a la protesta de pensionados, en donde por cierto lo abuchearon, en los últimos días Héctor Yunes Landa parece estar arreglado con el gobernador y su grupo. No sería la primera vez que se da esa apariencia, tampoco que se quebrara. Pesan entre ellos agravios y desconfianza, por ello, no se cree tan firme. Dada la afinidad política, familiar y afectiva de aquel con el principal enemigo de Duarte, Miguel Ángel Yunes Linares, quien será el candidato del PAN a gobernador, su primo hermano, Héctor, sería para Duarte una entrega vulnerable del poder; sólo que se lo impusieran. Si eso es lo peor, dicen que lo malo es que los de su cuadra no crecieron lo suficiente, que no les alcanza para ganar, aunque ya se sabe que el jefe de ese clan, a la vez que presume de que le fue delegada la facultad de designar sucesor, considera que las encuestas son “una mamada”. Con todo, difunden que el Cisne ya empató.
El senador Pepe Yunes, salvo el momento excepcional de su informe legislativo, se ha mantenido distante de Duarte y sigue la fachada de que tiene alianza con su homologo Héctor –van por 8 años, uno de dos y otro de seis– sin descartarse del todo para la candidatura en puerta de dos años.
Política y crisis financiera
El grupo gobernante tiene las posiciones de elección popular, el Gobierno del Estado, el Congreso, hasta la sobre representación de la mayoría calificada y la mayoría de municipios, un precedente de resultados electorales muy favorables; pero presenta signos claros de deterioro de imagen e inconformidad de numerosos grupos excluidos de beneficios, especialmente una crisis de finanzas públicas, reflejadas en omisiones de pago y acumulación de adeudos, así como señalamientos de corrupción, que seguramente serán temas centrales en las campañas electorales que vienen.
Acabaron diciembre a los tapaderazos, con protestas de pensionados por demoras en sus pagos, replegadas para escándalo mediático, y la reapertura del problema de adeudo con la Universidad Veracruzana. Dijo ayer el gobernador que la reestructura de la deuda bancaria avanza y que podrá tener liquidez al reemplazar las garantías y liberar las participaciones, que ya pagará. A ver si les da tiempo de mitigar el resentimiento e inconformidad de los amplios sectores a los que no se les ha cumplido.
A la espera de la decisión cupular –asumida por el presidente Peña Nieto, pero seguramente influenciada por su primer círculo, dependiendo quién de ellos intervenga, entre Aurelio Nuño, Luis Videgaray o Luis Miranda, y qué juego le concedan al presidente nacional del PRI, Manlio Fabio Beltrones–, aquí los actores locales todavía practican el juego de máscaras, el bloffeo y la simulación.
En este mes debe salir la convocatoria del PRI para gobernador, y quizá se tenga alguna señal del elegido ahora que venga el presidente Enrique Peña Nieto este 6 de enero a Veracruz, al acto agrario. Cuando salga, en retrospectiva se verá el peso de los actores y factores.
La oposición
El reto para la oposición, dado que no constituyen un solo frente, es que alguno de sus representantes pudiera ganarle al PRI la elección a Gobernador del Estado por primera vez en la historia política contemporánea.
El PAN, aunque no lo ha formalizado, es evidente que su candidato será Miguel Ángel Yunes Linares; el mismo que compitió hace 6 años y fue derrotado; pese a su trayectoria de corrupción señalada y enriquecimiento en cargos públicos, es un contrincante con discurso acusatorio directo que ofrece encarcelar al gobernador Duarte y a su camarilla; sin embargo, en pasadas elecciones el PAN quedó limitado regionalmente (Veracruz-Boca del Río). Tampoco se ha formalizado, pero es muy probable que esta vez sí se consume la alianza electoral del PAN con el PRD, con Yunes Linares como su candidato. El PRD igualmente no vive su mejor momento, en la pasada elección de diputados federales sólo ganó en el distrito de Poza Rica, se achicó con la aparición de Morena; este último partido, también de influencia regional, al parecer llevará al diputado federal por Xalapa Cuitláhuac García de candidato.
El raquítico Movimiento Ciudadano (MC) podría postular por primera a vez a alguien distinto de su líder y dueño Dante Delgado, su lugarteniente Armando Méndez de la Luz.
Y los candidatos independientes de partidos políticos, Gerardo Buganza, Juan Bueno Torio, recién desertado del PAN, y el ex perredista Elías Miguel Moreno Brizuela.
El espectro de la competencia electoral presenta, por un lado, al partido hegemónico, su maquinaria y voto duro, así como su deterioro de legitimidad frente a una diversidad de opciones de oposición; ya se verá si puede el aparato o estructura y su candidato S (Silva) o Y (Yunes) o si algún punto de la oposición consigue capitalizar el descontento.
Una sopa
Lo cierto es que la única sopa de esta elección no es nombre, sino la temporalidad. Es de 2 años –tanto el gobernador como los diputados–, para lo que alcance.
Además de ir desvinculada de elecciones municipales, no se contagia de las pasiones locales, es la primera bajo nueva legislación electoral –homologada y regida por normas federales; hay nuevos órganos, el organizador y árbitro, el OPLE, coordinado centralmente por el INE, un nuevo Tribunal Electoral, que no pertenece al Poder Judicial del Estado. Por otro lado, el periodo recortado a dos años hace concurrir la siguiente elección estatal con las elecciones federales de 2018, en particular la presidencial, lo que inserta la actual elección de gobernador en el tablero nacional de decisiones del grupo central y sus proyectos sucesorios de Enrique Peña Nieto.