+ Es sorprendente conocer la indiferencia y lejana visión que tienen los estadounidenses sobre los problemas reales, históricos y actuales del narcotráfico en México
Zona Sur
- 2011-06-02
Es sorprendente conocer la indiferencia y lejana visión que tienen los estadounidenses sobre los problemas reales, históricos y actuales del narcotráfico en México y de los cárteles, en pocas palabras del crimen organizado, fenómeno social que compete a ambas naciones.
Entre México y Estados Unidos existen más cosas en común que los 321 mil kilómetros de frontera, línea divisoria que no sólo es el límite de dichos territorios, sino que significa, en ocasiones, la delgada separación que existe entre la vida y la muerte.
La decepcionante visión que en pasadas fechas mostró uno de los canales de investigación más importantes de la Unión Americana, mostraba la indiscutible y ardua labor de los “gringos” al defender la frontera del país del norte, para impedir que armas desenfundadas, drogas, vínculos terroristas y contrabando de personas pasen para su país.
“Natgeo (National Geographic)” realizó un notable trabajo de investigación (como muchos de los que hace) llamado "Frontera: Zona de peligro", sobre de diversas situaciones actuales a las que se enfrentan sus patrullas fronterizas y agentes aduanales, destacando el mensaje de “Bienvenidos a la seguridad fronteriza de los Estados Unidos”.
La descripción de su documental remarca la “importancia” de sus héroes “reales”, esos que defienden las fronteras de los Estados Unidos y protegen a ese país de la amenaza terrorista, vigilando la entrada de extranjeros al país.
Uno de los capítulos realizados en ese serial transmitido, fue dedicado a los hechos de violencia ocurridos en la frontera mexicana, especialmente de Reynosa, basada en la historia de un americano asesinado por el Cártel de los “Z” y de los múltiples enfrentamientos surgidos entre otros grupos del crimen organizado, para dominar ese territorio y de la intervención de las fuerzas armadas por evitarlo.
La indiferencia radica en el hecho de una visión unilateral de que la violencia que existe en la frontera sólo del lado mexicano, sin aceptar realizar una introspección de su aportación a este fenómeno social que hoy enfrenta nuestro país, sin dejar de lado el suyo.
Según la historia, el narcotráfico inició en el siglo XIX, con la migración de chinos para la instalación del ferrocarril en la frontera entre México y Estados Unidos, asiáticos que durante su visita introdujeron la planta “adormidera”, una de sus drogas favoritas.
Al pasar de los años el mundo de las drogas avanzó, lo que para los chinos fue la “adormidera”, para México la marihuana, para Estados Unidos fue la heroína, usada principalmente por los primeros “héroes reales” que protagonizaban guerras en otras naciones en nombre de su país, esos eran los miembros del Ejército de la bandera de las barras y las estrellas.
Al pasar de los años se conformaron grupos del crimen organizado que buscaron mercados en todo el continente.
Pero el principal abastecimiento para enfrentar los obstáculos de justicia y competencia proviene de Estados Unidos y se llama: armamento.
Drogas sintéticas y armas no son obra de la generación espontanea.
Estados Unidos es y ha sido el principal consumidor de drogas e creador de las armas, esas que hoy se encuentran en territorio mexicano, en la frontera, amagando los dominios, protagonizando enfrentamientos. Su política bélica lo delata de ser uno de los culpables de lo que se vive en México.
La visión unilateral del problema no es correcta. “Tanto peca que el que mata a la vaca, como el que le jala la pata”.
La visión del problema y violencia desatada en la frontera norte no sólo es problema de México y de los mexicanos, sino de Estados Unidos, a quien más de una ocasión se le ha solicitado detener el tráfico de armas.
“La guerra por las calles”, como califican los americanos, nosotros la conocemos como “La guerra antinarco”, esa que va más allá de un documental, que sólo muestra la indiferencia de los estadounidenses hacia el problema en el que ellos también están inmiscuidos.
México sólo vive las consecuencias del problema que por años se ha presentado, sólo que ahora Estados Unidos no es el único mercado a conquistar.
Ambas naciones padecen los efectos de una sola causa.
Mientras los vecinos fronterizos mantengan la visión de que el problema es de quien lo vive y no de quien lo genera, el tráfico y la guerra será una historia sin fin.