DÉJAME QUE TE CUENTE: Adiós Rubén Leyton!!

COLUMNA DE Sergio M. Trejo González.

Zona Sur

Sergio M. Trejo González - 2012-06-15

Rubén Leyton Ovando, fue llamado al país de la vida. Su morada, desde ahora, es el descanso, y su vestido, la Luz. Para siempre.

Sabíamos de su estado de salud. También Él seguramente percibía que el final estaba cerca. Lo mirábamos disminuirse poco a poco; sin perder su carácter trataba de infundirnos aliento. Estoico frente a la circunstancia se sobreponía al dolor y a la incomodidad de su padecimiento. Luchaba por su vida hasta que el dueño del ayer y del mañana se lo llevó a su morada santa y nosotros cerramos nuestros ojos, bajamos la frente y simplemente decimos: hágase tu voluntad…

Se acabó el combate. Ya no habrá para él dolor alguno, lágrimas, ni sobresaltos. Habíamos colocado nuestra muralla espiritual a su rededor para que con nuestras oraciones nuestro amigo encontrara la recuperación que nos permitiera disfrutar de su plática, de su afecto…

El pasado mes de abril, hace precisamente dos meses que se cumplieron hoy día 13, los amigos, agregados, vecinos, colegas y gente que bien conoce y quiere a Don Rubén Leyton Ovando, tuvimos un encuentro para rendirle un merecido homenaje. Oportunidad que sirvió para que, quienes sabíamos de la pasión de Rubén por el estudio y la investigación, de todas las expresiones culturales, expusiéramos de manera singular nuestro agradecimiento al hombre que había dedicado su vida valiosa al rescate de costumbres, ritos, usos y de esa historia horizontal que tanto le arrebataba…comerciantes, intelectuales, vecinos, intérpretes, poetas y escritores se dieron cita en el sencillo evento que fue a la vez fiesta y reconocimiento a su trayectoria.

Dije a propósito de tal homenaje: “Rubén Leyton Ovando nació en Tamiahua, Veracruz, pero son tantos los años que lleva viviendo en Acayucan, que sin saberlo es más acayuqueño que los tamales de chipile. Es aquí donde lo conocí y es aquí donde ha tenido la paciencia y la voluntad para terminar sus ensayos convertidos en las ediciones que lo transportan al mundo literario. “Los culebreros”, su primera obra, es un tratado necesario para la comprensión exacta de las aportaciones primitivas a la medicina. Ahí están los hábitos, la rutina y las prácticas ancestrales en peligro de extinción, que son las medidas y el procedimiento sobre la curación del piquete de víbora y las creencias en torno a ésta, muy arraigadas en el imaginario popular de los grupos indígenas; “Pillaya”, Zopilote Cabeza de Rey, es su otro libro que representa en si la culminación de sus vivencias, proyectadas desde su lugar de origen al mundo. Su trabajo, aquí, resulta un verdadero almanaque de festividad; es el calendario de sucesos que desde un rincón veracruzano resulta muestra y reflejo de cualquier otro lugar que presuma de mantener viva cierta manera de convivir y de festejar y de morir.
Música, gastronomía, vestiduras, técnicas de labores, litúrgica social y religiosa…En una síntesis apretada que hizo su colega y amigo, Alfredo Delgado Calderón, tuvimos el recuento de los motivos para tal homenaje a tan ilustre personaje; salió a relucir su incansable labor y su genio en favor de la cultura desde las trincheras del entonces Instituto Nacional Indigenista (INI), hoy Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI), y de la Dirección General de Culturas Populares, además del privilegio de coincidir y codearse en proyectos de trabajo con lo más granado y notable de la investigación indígena y popular de nuestro país… Pero no sólo se agotó (la noche de su homenaje) tal currículo personal en los aspectos del desempeño de cargos burocráticos en Michoacán, en Oaxaca, en Colima y por supuesto en Veracruz.

Conocimos la legua que ha recorrido dictando conferencias y exposiciones de sus estudios vastos y profundos de investigación en infinidad de temas”.

Ahora, la infausta noticia del fallecimiento de Rubén Leyton nos consterna y nos deja sin las palabras precisas, para llegar con nuestro pésame hasta la señora Idalia Susilla, viuda de Leyton, y a sus hijos, quienes con las nueras y los nietos, elevan oraciones a Dios por la irreparable pérdida.

Sus amigos de los “Arrieros de Apompo”, veremos con tristeza la silla vacía, por la ausencia de quien fuera la bujía del equipo; habremos de extrañar por siempre sus incontables proyectos y su manera de exponer sus razones, salpicadas en su técnica para discutir. Era su estilo de trabajar, una especie de tirabuzón, para que mostráramos sinceramente el porqué de las ideas. Así nos imponía respeto y procuraba comunión y compromiso entre nosotros.

Se fue Rubén y, mientras aquí abajo nos preparamos para entregar a la tierra su cuerpo transitorio, para que su alma inmortal duerma para siempre en la paz eterna, en el seno insondable y amoroso del Señor, podemos imaginarlo en aquella tranquilidad celestial, reuniéndose con su inolvidable amigo Roberto Williams, con quien habrá de inventar alguna de rescate a efecto de que podamos volvernos a encontrar… descanse en paz.

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