Una bomba de tiempo que le llamaron mercado•
Soterrado, oculto, está la otra parte: el teocalli de los totonacos
Zona Sur
- 2011-03-11
Casi cincuenta años entre tejados mal hechos escondió su belleza, generaciones enteras que nunca supimos lo majestuosa que se ve desde la esquina de Constitución y Zamora. Blanca, sinuosa, intemporal la iglesia ha ido recuperando la dignidad de su naturaleza. Mientras los brazos morenos, sudorosos tiran en miles de pedazos, como una dulce venganza, toda la mugre que la cubrió por décadas.
El edificio más antiguo de nuestra ciudad mira desde el centro, los grandes y pequeños pedazos de concreto viejo y oxidado en que se va convirtiendo la amenaza que tuvo a un costado. Segmentos con olores nauseabundos se apilan en pequeños montones que más tarde un camión se lleva a donde nadie los volverá a ver y el espacio entre las calles de Alcolea, Constitución y Comonfort se hace cada más grande, más limpio.
La Parroquia de la Asunción paciente y vigilante como una madre sigue recibiendo con sus puertas abiertas a cientos de feligreses, amorosa aunque sabe que muchos la olvidaron, la ensuciaron, no respetaron su espacio, no protegieron su entorno y la arriesgaron con una bomba de tiempo que le llamaron mercado.
Mirarla desde cualquier ángulo, en cualquier esquina, banqueta o ventana, es un espectáculo que muchos adultos de hoy jamás imaginamos ver, sus relieves, sus curvas misteriosas y su blanca belleza deja arrobado al transeúnte.
Soterrado, oculto, bajo la Asunción, está la otra parte: el teocalli de los totonacos, que por cientos de años soporta el peso de la Iglesia. El altar donde los españoles edificaron su fè y su iglesia. Por eso los albañiles despacito, como si supieran que no deben hacer vibraciones fuertes, van tirando con sus manos el viejo Quirasco. Porque la Pirámide y la Asunción, el sincretismo de nuestra cultura, ya están viejos, cansados, adoloridos, heridos en su estructura y a punto de fenecer.