Déjame que te cuente…: Regina, Xóchitl Tress, y el topless

Columna de Sergio M. Trejo Gonzalez.

Zona Sur

Sergio M. Trejo Gonzalez - 2012-05-02

No entiendo a Regina Vázquez, ni a su repentino interés u optimismo para difundir las encuestas que los consultores de Mitofsky han realizado en el distrito XX, donde aunque la preferencia electoral continua favoreciendo a la candidata del PRI resulta notable que la tendencia de Xóchitl Tress, la candidata del PAN, a la diputación por el distrito de Acayucan es a la alta; es decir, Regina Vázquez Saut aun cuando lleva una ventaja de unos 18 miserables puntos sobre su contrincante cercana (la güerita de Rodríguez Clara, Xóchitl Tress) la verdad ( aunque cierto es que para ganar solo basta un punto) es que su desarrollo proselitista se desarrolla en línea desnivelada, a la baja, ligeramente caída, algo peligroso si consideramos que en el primer tercio de campaña estaba Regina en las nubes y a Xochitl prácticamente se le situaba en la lona (en conteo de protección previo al nocaut) donde la pusieron sus villanos contendientes quienes la exhibieron en las redes sociales. Bueno, la “medio exhibieron” porque solamente se aprecia, a doña Xochitl, de la cintura para arriba. Algo que realmente en esta época no debería escandalizar tanto. Antes los divorcios, el parir chamacos sin padre cierto y conocido, el firmar cheques sin fondos, caer en la cárcel o salir en los periódicos o que el voceador gritara en las calles: Conóoooozcalo, era deshonroso, inmoral y obsceno. Ese es el problema de algunos vecinos que no se dan su tiempo para echar de ver las hermosas playas de Cancun, Huatulco o los Cabos, o a los centros de espectáculos nocturnos, que es lo único que tenemos los pinches acayuqueños jodidos. Eso me ha concedido la oportunidad de saber qué onda es el topless. Algo tan simple como no llevar ropa que cubra los pechos. El problema de no salir a los destinos turísticos ha privado a mis amistades de contemplar a mujeres hermosas, sobre todo cuando están en lugares como playas y piscinas, o las que trabajan en algunas distracciones o establecimientos de hostelería. Es una forma de desnudo parcial. Cultura y tradición que se ostenta en las estatuas de Cosoleacaque, colocadas en el parque y en a la entrada principal.
Abundo en que la palabrita proviene de las palabras inglesas top, que significa literalmente "superior" y que se refiere a la ropa que cubre el pecho, y less, que indica negación, el no llevar esa prenda… Si el amable lector me obsequia unos minutos me explico mejor:

En los años 60´s, en muchos países resultaba tradicional que las mujeres mostraran sus senos en público, principalmente entre las tribus de África, las de Oceanía y las familias de la zona tórrida de América. Debe ser cuestión del calor tropical pero por muchas regiones de nuestro continente el topless ha sido muy frecuente en espectáculos de cabaret. Cuentan que Brigitte Bardot en 1963 un poco fue la primera mujer que posó en topless en la ribera para todos los fotógrafos. Quiero dejar claro que no estoy diciendo que BB fuese la primera mujer en mostrar las tetas.

No quiero terminar sin evocar, a petición de un chingo de amigos y colegas (gente de buen gusto), a propósito de Ginas, a la llobrigida. Recordar a Gina es como escuchar una sinfonía interminable, susurro de brisa con aroma de naranjos alrededor de cualquier calle de la vieja ciudad. Ella, también, fue un sueño inalcanzable, el color de la pantalla raída de nuestro desparecido cine “Victoria” tomaba vida. El fulgor de un cuerpo, que se creó para el deleite, la belleza o el sabor que deja una saliva compartida en cualquier rincón del parque Juárez, o en las callejuelas aun sin pavimenta, bajo la oscuridad, que no ha cambiado, sobre algunas alcantarillas colocadas sobre la Zaragoza, la Ocampo, la Nicolás bravo o el puentecito de la Guillermo prieto, creado para el amor. Gina era la ragazza sin maleta que nos trae recuerdos teñidos con sabor a viejo mundo, envuelta en las películas que protagonizó y que son partes de nuestra vida, como lo es el mismo cine. Gina Llobrigida nunca será un adagio corto, como no lo será la presencia pretérita de Rossy Mendoza, cuando nos visitó y desfilaba por nuestras calles principales sobre un carro alegórico en pleno carnaval… Había una especie de rivalidad por elegir a la mujer que despertaba instintos diferentes, como lo había para elegir la película que deberíamos ver, pero Rossy siempre salía triunfante. Como si de un concurso se tratase y volvía a caminar sobre nosotros, formando ese paraíso artificial, con sonrisa en los labios por las calles atiborradas de gente, Acayucan le servía de fondo a tan deseables glúteos, mientras fantaseábamos ir tras ella como hipnotizados. Rossy ha formado una época en la vida de muchos hombres y las mujeres de mi generación, como lo hizo Sofía Loren, Marilyn Monroe, o Elizabeth Taylor. Ellas eran oscuro objeto de deseo… sentir mojada la piel en tan recóndita penumbra, era uno de los mayores placeres que se puedan sentir. Tiempos cuando no sabía un servidor nada de la masturbación y esos menesteres. Sé que algunos santulones, que se persignan, con el tejido y el rosario en las rodillas, se molestarán. No, yo no me doy golpes de pecho ni quiero que mi nieto me recuerde como un viejo hipócrita y santulón.

En fin, no sé, en verdad, porque siempre he de retroceder, de manera abrupta, para retomar mis temas. Siempre que vienen estos pensamientos a mi mente, recuerdo la manera como muchísimos amigos rindieron homenaje a Rossy Mendoza, como ahora se preparan para votar por Xochitl o por Regina. Faltan todavía 2 meses de campaña. Tenemos que observar aún el resultado de los efectos Chapulín y el síndrome camaleón. Vemos que personas y grupos ciudadanos se mueven de partido, buscando una trinchera donde puedan participar. Que nadie se duela porque se puso de moda cambiar de partido o de candidato por razones personales y políticas. Falta mucho para ondear banderas… nunca preguntes por quién doblan las campanas; doblan por ti.

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