En medio de la noche, inician curaciones en Catemaco

* Es un esfuerzo por rescatar la sanación original, coinciden chamanes

Zona Sur

COMUNICADO - 2012-03-02

Doce de la noche, la hora del respeto que todos los asistentes esperaban: la hora del inicio de la Ceremonia a los Cuatro Rumbos, en el Centro Ceremonial La Punta, con la isla de Agaltepec como mayor testigo.

Cientos de hombres y mujeres se congregaron, curiosos y en algunos casos con nervios, para presenciar esta ceremonia prehispánica que inició con una enorme ofrenda en el centro del lugar, dedicada a Téotl, la energía suprema, para pedirle por el bien de los hombres.

Una vez que las autoridades entregaron el Bastón de Mando a los curanderos, y reunidos los Cuatro Elementos, decenas de ellos, chamanes y brujos iniciaron el ritual en la hora en la que, según la tradición, existe una mayor carga de energía que alimenta la vida de los seres terrenos.

Danzas, invocaciones, rezos que se filtraban entre los asistentes, los caracoles, los cráneos que remataban el extremo del báculo y se mezclaban con el aroma del incienso, con el intenso olor de piñas depositadas en la tierra, unidos con el humo proveniente del xitle activador, un ombligo de fuego que alimenta la ceremonia.

Pedido el permiso a las fuerzas del universo y transcurridos algunos minutos, largas filas de personas convirtieron a La Punta en un centro de sanación que reunió a los curanderos de diversas partes del territorio nacional.

“Soy don Luis y vengo desde Tempoal a curar a la gente, la gente viene porque lo necesita, viene con algún mal y nuestra misión es curar invocando a Dios, pidiéndole benevolencia y sabiduría. Estamos aquí para ayudar a hacer el bien a todo aquél que se nos acerca, porque esa es nuestra misión y nuestro ejercicio se fortalece en esta ciudad que tiene una carga de energía positiva muy concentrada, muy grande como ningún otro lugar”.

Las palabras de don Luis coinciden con las de otros curanderos que aseguran estar limpiando la festividad de actos que a lo largo de los años han desvirtuado al hecho original. Las misas negras han causado temor y alejado a la gente de su centro de carga de energía y por ello en esta ocasión sólo acuden “curanderos blancos” y ello lo manifiestan en el color de sus atuendos.

Risas de nervios, miradas con pesadumbre, incluso uñas en las bocas son los modos en que los asistentes de las largas hileras humanas manifiestan su expectación antes de ser curados, mientras escuchan las invocaciones del curandero y el golpe que las ramas de las siete hierbas producen en las espaldas, brazos, piernas y vientres de los pacientes en sesión.

José Manuel llegó de Xalapa, se le ve tenso, habla con dificultad, el llanto lo tiene atorado en la garganta, porque no puede más con el malestar. Alguien le sugirió acudir a La Punta, “al inicio del primer viernes de marzo” para que lo despojen de la mala energía que no le permite estar en armonía con el universo.

“No he creído, pero ante tanta adversidad en la que vivo y de la que no he podido salir, acudo, coopero, me entrego a las palabras del curandero, a Dios, y confío en que este escalofrío que me causó el aroma de las ramas y sentirlas en el cuerpo, sea la manifestación de algo mejor en mi vida”, refiere con timidez apenas concluida su sesión.

Los curanderos son conocidos en ese mundo, se respetan entre ellos, son admirados por la gente a la que curan, y quienes al terminar su consulta dejan tras de sí una estela de bendiciones y agradecimiento.

No es para menos, el público retroalimenta esa virtud, porque también una chica originaria de China, que incansable toma fotos sin perder detalle, se somete a las virtudes de sanación de don Luis, sale sonriente, nerviosa y detrás de ella, algunos estadounidenses también hacen lo propio. “Es raro”, dice tras ser atendido.

“Eso es lo que buscamos, que la gente no busque en otras culturas la salud que puede encontrar en la nuestra. Nada es malo, ni el yoga ni otras doctrinas, siempre y cuando busquen curarnos. Lo que quiero decir es que, en nuestro entorno que es privilegiado por la madre naturaleza, tenemos todos los recursos para estar bien, es cuestión de abrir los ojos, sentir y descubrirlo”, explicó Cuauhtónatl, un médico tradicional proveniente de Cuernavaca, Morelos.

Durante este Festival del Primer Viernes de Marzo, participantes, asistentes y autoridades coinciden al señalar que el objetivo es rescatar y sacar a la luz los rituales genuinos para la curación del alma de los seres, separando de ellos, otros ritos que a lo largo de los años se han adherido y contaminado, y generado resquemor entre la gente.

“Llámese magia blanca o como sea, lo que buscamos es ayudar a través de la herbolaria, que la gente venga y aquí se cure, o por lo menos se alivie, hay que olvidarnos de gallinas negras sacrificadas, porque la verdadera cura es de otra manera”, sentencia don Gonzalo, el curandero conocido como El Comodín.

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