Fransisco es un niño zotzil que vende chicles en las calles del puerto de Coatzacoalcos, esta es la historia de su Día de Reyes Magos
Zona Sur
- 2012-01-07
Un día antes Francisco hizo un recorrido por las calles del centro de Coatzacoalcos para ver que le pediría a los reyes, mientras se olvidaba el verdadero propósito de su presencia en el asfalto de “La ciudad de las grandes avenidas”: ofrecer chicles que a diario lleva en sus manos para ganar unas monedas.
Pese a conocer su realidad, con la mirada llena de ilusión, como cualquier niño de 12 años, caminó repetidas ocasiones la calle Morelos, en donde decenas de fayuqueros de Coatzacoalcos año con año ofrecen las baratas y caras opciones para los Reyes Magos.
Carritos de tracción, de madera, pistas, metralletas, luchadores, aviones, juegos eléctricos, de mesa, bicicletas y de más eran las únicas imagenes que se reflejaba en sus pequeños ojos, cansados de tanto sol, bajo sus pestañas negras.
El negocio de la venta quedó olvidado por unos minutos. Su felicidad era evidente…aunque efímera.
Fue testigo de la compra desesperada de los reyes, hombres y mujeres que llevan y cargaban decenas de cajas, peluches, muñecos, carriolas, bicicletas, triciclos, que tenían como destino los árboles de navidad, del cual tampoco ha gozado.
En cada uno de los puestos los pies calzados con tenis viejos hacia la escala respectiva. Silencioso en su mente enlistaba los juguetes que quería.
Una voz a unos 4 metros de distancia desconcentró al pequeño: -Oye…te gustan los juguetes? –preguntó quien desde que entro a la calle de las ilusiones lo observaba.
La respuesta de “Paquito” no se hizo esperar con un movimiento de cabeza asintiendo lo que era evidente.
¿Quieres algo? –Insistió el testigo, segundo cuestionamiento al que volvió a afirmar.
¿Te gusta el “tetrix”? -¡Si!, habló por primera vez sin titubear, moviendo su canastita y los aretes de colores de un lado a otro que su madre y padre hacen para que él y sus tres hermanitos vendan en muestra de pena y miedo. ¡Escoge, que color quieres! –dijo la voz.
Sin dudarlo dijo -¡El rojo!, es su atropellado español, con acento zotzil que confirmaba su origen chiapaneco.
Desde ahí el dialogo fue más fluido.
Mientras el fayuquero embolsaba el regalo y los reyes corrían desesperados a lado de esta platica, “Paquito” platicó que tenía tres hermanos más, que estaban vendiendo, al igual que su padre y madre en las calles.
Comentó con tristeza, pero visiblemente emocionado, que terminó la primaria hace poco, pero que la necesidad y el trabo le impedía continuar con los estudios.
El vendedor terminó de envolver el regalo inesperado del 6 de enero, lo entregó y cobró con la indiferencia que cualquier hombre de negocios actúa.
Antes de que el “tetrix” llegara a sus manos, sus dientes manchados mostraban felicidad.
El regalo llegó…lo abrió, dio las gracias con su mirada de pena, emoción y deseo de prender el aparato que durara lo que las pilas resistan.
-¿No te van a regañar? Lo cuestionaron y el contestó: ¡No!
No dijo más, se perdió entre la gente al casi huir por la calle de las ilusiones y con un sueño cumplido.
Ayer 6 de enero, el y sus hermanos esperaron y esperaron, y como cada año los reyes nunca llegaron a su cuarto.
Así que tomaran de nuevo sus canastas de chicles, sus madera con aretes y saldrán a hacer lo que hacen desde muy pequeños: vender en las calles a esperar que otros testigos se acuerde de ellos.