La pobreza y el hambre en los diferentes sectores de Loma Bonita se deberían medir en números rojos.
Zona Sur
- 2011-10-19
Las cifras oficiales no datan el verdadero comportamiento de ambos pesares; sin embargo tal situación es palpable a los ojos de quienes vivimos en la desaparecida capital mundial de la piña.
Sin tener datos precisos de las personas que viven en la pobreza y que su estado de salud es precario debido a la falta de alimento, en Loma Bonita es notoria la carencia en el acceso a la alimentación. Familias dedicadas al campo y derivados del mismo son los que más sufren, son los que más necesitan el apoyo del gobierno; sin embargo se encuentran marginados.
El domingo -16 de octubre- se conmemoró el día internacional de la Alimentación. Aquí en Loma Bonita muchos de los proletariados vivieron un día normal, un día viendo pasar las horas para regresar al trabajo, y otros consiguiéndolo. Toda vez que, de acuerdo a un sondeo realizado por este reportero- de diez campesinos entrevistados durante el fin de semana sólo cinco lograron encontrar trabajo para la próxima semana, mientras que los otros cinco esperarán mejor suerte para los próximos días.
Los entrevistados, personas dedicadas a las labores del campo, externaron que para “medio vivir” necesitan esforzarse al máximo en su trabajo, arriesgando el físico para poder llevar un pedazo de pan a su casa.
No cuentan, dijeron, con apoyo del patrón o del gobierno, sólo con el apoyo de Dios, quien los provee del aire que los mantiene con vida.
Pedro Ramírez Sánchez, campesino, de 34 años de edad, residente en Santa Sofía Monterrosa, localidad de este municipio, jornalero que sí pudo emplearse, reveló que para poder llevar el alimento a sus dos hijos y esposa tiene que trabajar más de 13 horas – desde las 04:00 hasta las 17:00 horas- todos los días. Su esfuerzo, comentó, es compensado con 200 o 250 pesos, si bien le va.
Sus dos hijos no van a la escuela. Ellos tienen 14 y 7 años de edad. El más grande tiene corta experiencia en el trabajo, pues ya se lo ha llevado a cortar piña en más de tres ocasiones, dijo. “Mi hijo ya sabe lo que es ganarse el pan, pero poco a poco me lo iré trayendo, porque no quiero que se me enferme como la primera vez”, relató.
Su esposa se dedica a vender quesos en Tuxtepec y se lleva a su menor hijo para acompañarla. También limpia casas, lava ropa ajena y cuando puede- contó- “le entra al campo”.
Él y su familia comen dos veces al día, por la mañana y por la tarde, y prueban pan dulce por la noche para mitigar o –como él dice- engañar al estómago.
Su condición – expuso- es la misma que la de sus vecinos. “Ellos también viven con hambre, a pesar de que trabajamos y trabajamos. Sus hijos y esposas también trabajan. Sólo Dios sabe hasta cuando el estómago nos va a seguir castigando”.
Como resultado de esta entrevista, podemos constatar que no son unos cuantos, si no miles de personas, radicadas en este municipio, quienes padecen hambruna. Y esto no lo datan cifras oficiales, lo podemos comprobar a simple vista en todos y cada uno de los rincones de esta geografía piñera.
EL HAMBRE, LA OTRA VIOLENCIA
El hambre es, como dice el periodista michoacano Juan Pimentel Ramírez, la otra violencia.
Y es que de acuerdo a su columna publicada el día de ayer en el Diario El Cambio de Michoacán, La violencia estructural, sistémica y acelerada por las acciones del gobierno calderonista, se deja sentir lo mismo en el estómago de 28 millones de personas que padecen hambre, según datos conservadores del Coneval, que en el cuerpo de decenas de miles de individuos sometidos a la tortura cruel y a la muerte bárbara e inhumana, así como en el espíritu de toda una nación que ve degradarse el presente y oscurecerse el futuro de millones de niños y jóvenes.
El hambre en el país se ha incrementado, incluso en las cifras oficiales en la materia: según datos del Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social, durante 2010 unos 28 millones de mexicanos enfrentaron carencias en acceso a los alimentos.
En México, se ha denunciado en múltiples ocasiones que el neoliberalismo y su punta de lanza, el Tratado de Libre Comercio (TLC), se encargaron de desmantelar la producción industrial y agropecuaria del país, lo que derivó, entre otras cosas, que ahora importemos maíz, frijol, arroz, azúcar… y otros alimentos.
Consorcios como Grupo Modelo, Televisa, Liverpool, Altos y Grupo Bachoco (Fernández, Azcárraga, Bailleres, Servitje, entre los beneficiarios del régimen) contribuyeron con diez por ciento de sus utilidades, por debajo de las tasas que pagan las personas físicas.
Así, vemos que mientras decenas de millones de mexicanos, más de la mitad de la población, se encuentran en la pobreza alimentaria y patrimonial, el pequeños grupo del poder político y económico sigue gozando las mieles de la riqueza ajena -aquella producida por el esfuerzo y el trabajo de quienes hacen posible que funcione el aparato de Estado- al tiempo que instrumenta onerosas estrategias de seguridad que abren la puerta a la violencia y al fascismo, que amenaza convertirse en práctica cotidiana.
URGE UN BANCO DE ALIMENTOS EN LOMA BONITA
En base a la necesidad alimentaria que existe en el municipio, por la pobreza extrema en que se vive, principalmente en las comunidades más alejadas, organizaciones sociales y el gobierno municipal podrían buscar alternativas que ayuden a la gente, creando un Banco de Alimentos. Esta propuesta es considerada como viable en diferentes sectores de la sociedad que pudimos apreciar a través de entrevistas y sondeos.
La finalidad, expusieron, es reunir alimentos no perecederos, para después acudir a las familias más necesitadas, que no cuenten con ningún programa social de apoyo, pero en los que la necesidad impere.
Asimismo, podrían realizarse algunos eventos, coordinados con diversas instituciones y dependencias, haciendo partícipes a todos los sectores en eventos culturales y artísticos, donde se pretende que el pago sea en especie, para recaudar los fondos necesarios con miras a reducir la pobreza y el hambre en esta municipalidad del norte del estado y limítrofe con el estado de Veracruz.