'Sacabas cuerpos y te daba rabia'

+ Unos 70 bomberos y rescatistas participaron en las labores para rescatar a víctimas del ataque al Casino Royale.

Nacionales

- 2011-08-28

La tragedia del Royale quedará marcada de por vida en la conciencia de los más de 70 bomberos y rescatistas que se lanzaron a prestar auxilio a las víctimas del mayor atentado a civiles del que se tenga registro en México.

Sin importar colores o etiquetas, paramédicos, bomberos y rescatistas de Cruz Roja, Cruz Verde, Protección Civil Monterrey, San Pedro, Santa Catarina, García y el Estado, además de Bomberos de Nuevo León y empresas como Cervecería y Ternium trabajaron uno a uno, como ellos dicen, hasta morir en la línea.













Para ellos, fue un día más al servicio de la comunidad, de hacer lo que los mueve: salvar vidas.

Hasta el ataque en el Royale, Jesús Ávila Puente, de 21 años, había combatido incendios considerados por su equipo como pequeños: locales comerciales, terrenos baldíos, bodegas, casi nunca con personas en su interior, mucho menos víctimas mortales.

El jueves pasado estuvo en la tripulación de la máquina 5 de Bomberos de Nuevo León, la primera unidad de emergencia que arribó al casino.

"Cuando llegamos teníamos la esperanza de encontrar a personas con vida, pero, con eso de que las salidas de emergencia estaban bloqueadas, ¿qué haces?", recuerda con las huellas del cansancio en su rostro.

"Ves a las personas atrapadas en el techo, gritando, las quieres salvar a todas, pero tienes que ser cuidadoso. Como quiera alcanzamos a sacar a algunas todavía con vida".

Hijo del Comandante de Bomberos de Cervecería, Jesús ingresó como aspirante a Bomberos de Nuevo León en febrero pasado, luego de haber estado un tiempo en Protección Civil del Estado, y contra la voluntad de su padre.

"Siempre me ha gustado. Le decía a mi papá, pero no quería que entrara porque él tuvo un accidente y, por lo mismo, tenía miedo de que me pasara algo a mí", dice.

"Aún así quise entrar, porque es un trabajo bonito, arriesgas, casi nunca te lo agradecen, pero ayudas y hay mucha hermandad entre los compañeros, puedes estar enojado con un compañero, pero a la hora de un incendio, todos nos cuidamos".

Y así fue en el Royale cuando, a poco más de una hora de iniciadas las labores, mientras Jesús atacaba al fuego al interior del Casino, se desmayó, por lo que fue sacado por uno de sus compañeros para recibir atención médica.

"Sentí un jalón de Damián, uno de los compañeros de la unidad, y me llevó a la ambulancia, se vio aparatoso, porque me sacaron en camilla y todo, pero nada más me pusieron oxígeno, descansé un rato y a seguirle, teníamos qué trabajar para ver si había alguien más con vida", recuerda el joven que trabajó casi 24 horas sin parar en el Royale.

Ni las intensas capacitaciones, ni los años de experiencia fueron suficientes para mitigar el coraje y la impotencia ante el tamaño de la tragedia, relata el también bombero Israel García Muñiz.

"Lo que estábamos viviendo no tiene palabras, es algo muy feo, que rebasa todo lo que hubiéramos vivido".

Al pasar de mano en mano cada uno de los 52 cuerpos de las víctimas del Casino Royale, en los rostros de los rescatistas no había impotencia, sino coraje, rabia por la injusticia que estaban presenciando.

"Te dabas cuenta de que estabas ante algo provocado por gente mala, se sentía. Veías a las personas y no las veías como a veces que tomas un cuerpo y te da cosa o lástima", dice Israel, quien también trabaja en Protección Civil de Monterrey.

"Aquí los tomabas y te daba rabia, los querías sacar para entregárselos a las familias. Se sentía un coraje muy grande por la maldad que les hicieron".

Israel en el pasado había participado en otros desastres en la Ciudad, lo del Royale fue distinto.

"Nunca nos había tocado tal cantidad de víctimas por algo provocado, los otros eran accidentes, aquí no había razón para que perdieran la vida estas personas, no tenían culpas".

En la mente del hombre casado y padre de cuatro hijos, una escena quedará plasmada de por vida: la imagen de una mujer embarazada que falleció atrapada en uno de los pasillos del Royale.

"Me dolió mucho. Ahí me dí cuenta que las personas que hicieron esto no tienen humanidad, no sé cómo decirlo, me sentí muy mal, fue horrible", dice con la voz entrecortada, pero resistiendo el llanto.

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