Familiares de vìctimas claman justicia; esconden identidad por miedo
Familiares de los muertos del Casino Royale comenzaron a recibir los cadáveres; la mayoría mujeres que eran clientas o trabajadoras del local.
Nacionales
- 2011-08-27
Decenas de familiares de los 52 muertos que dejó el atentado a Casino Royale comenzaron ayer a recibir los cadáveres; la mayoría mujeres que eran clientas o trabajadoras del local.
Afuera de la morgue del Hospital Universitario de Nuevo León, los familiares reciben ayuda psicológica, que resulta insuficiente para calmar a los deudos del peor atentado en la historia reciente de México.
“Nosotros nos enteramos por la televisión que habían atacado el casino donde trabaja mi hermana. Ese día (el jueves), me había dicho que no iba a ir a trabajar porque ya se le había hecho tarde, pero cambió de decisión de un momento a otro y se fue, nada más para encontrarse con la muerte, murió asfixiada”, comentó un joven de 20 años.
“La encontraron en el baño. No es justo, no sé qué va a ser de mis padres cuando lleguemos con el cuerpo de mi hermana”, añade llorando el joven originario del estado de San Luis Potosí, a donde la noche del viernes será llevado el cadáver para ser velado.
El diálogo es interrumpido por el desvanecimiento de otra mujer que va saliendo de la morgue.
Acaba de reconocer el cuerpo de su hija de 25 años que era mesera en el Casino Royale, que quedó en ruinas después de que hombres armados le prendieran fuego con unas 200 personas en su interior.
Los familiares se niegan a dar sus nombres. “Tenemos miedo, aquí está claro que no hay seguridad para nadie”, dice una mujer que espera noticias de una amiga con la que iba a comer todos los días al Casino Royale, cuyo automóvil permanece en el estacionamiento del lugar del siniestro pero su cadáver aún no ha sido localizado.
La versión oficial del motivo del atentado aún se desconoce, pero bajo anonimato los parientes enfurecidos dicen que “seguramente los dueños no pagaron ‘la cuota’ (extorsión) de Los Zetas”.
“Me tomaron muestras para las pruebas genéticas…me mostraron una bolsa con restos carbonizados y me dijeron que podrían ser de mi mamá”, relata otra joven de unos 25 años que apenas puede hablar entre el llanto.